Devocionales de Semana Santa – Día 8

La Tumba

San Mateo 27:57-66 RVC
Cuando llegó la noche, un hombre rico de Arimatea que se llamaba José, y que también había sido discípulo de Jesús, fue a hablar con Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato ordenó que se lo entregaran.
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había sido cavado en una peña. Después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.
María Magdalena y la otra María se quedaron sentadas delante del sepulcro.
Al día siguiente, que es el día después de la preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: «Señor, nos acordamos que, cuando aún vivía, aquel engañador dijo: “Después de tres días resucitaré.”

Por lo tanto, manda asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que sus discípulos vayan de noche y se lleven el cuerpo, y luego digan al pueblo: “¡Resucitó de entre los muertos!” Porque entonces el último engaño sería peor que el primero.»
Y Pilato les dijo: «Ahí tienen una guardia. Vayan y aseguren el sepulcro como sepan hacerlo.»
Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.

La declaración central del mensaje cristiano histórico es que Jesucristo fue resucitado de entre los muertos. Aunque puede ser tentador para nosotros saltar rápidamente del viernes al domingo, de la cruz a la resurrección, Mateo se detiene y nos lleva a través del silencio y la quietud de la tumba.

Muchos han tratado de eliminar la esperanza del cristianismo sugiriendo que Jesús no murió realmente o que los ansiosos discípulos robaron su cuerpo para comprobar sus declaraciones de un Salvador resucitado. Con todo, el interludio de Mateo entre el último aliento y la primera aparición nos habla inequívocamente de una muerte que fue real, una tumba que estaba silenciosa y una situación que pareció estar más allá de toda esperanza.

Los romanos eran cuidadosos al ejecutar penas capitales, especialmente las de aquellos acusados de traición. Que José pudiera recuperar el cuerpo de Jesús significó que los verdugos estaban satisfechos con su trabajo. Los judíos, a través del Antiguo Testamento, amontonaban piedras sobre los criminales más viles para representar que, para algunos, no habría vida más allá de la tumba. Que una gran roca cubriera la entrada de la tumba significó que no había ninguna expectativa de vida más allá del sepulcro. La tumba está quieta, oscura, silenciosa.

Este es el destino que debía ser nuestro y el destino de la humanidad. Y aún así, nuestra esperanza es que por medio de aquél que fue a la tumba por nosotros, hay un camino a través y por él hasta un mundo nuevo de la creación de Dios. Esta es la esperanza que dado que uno venció a la tumba misma, nosotros también podemos experimentar una nueva vida con él. La descripción de la tumba que hace Mateo es un recordatorio de que la tumba estaba silenciosa, pero el silencio duraría solo un día más.

Oración

Padre Nuestro, recuérdanos que la oscuridad de la tumba pronto será vencida por la luz del tercer día. En el nombre de Cristo, amén.

Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 7

La Trama

San Mateo 26:14-25 RVC
Entonces Judas Iscariote, que era uno de los doce, fue a ver a los principales sacerdotes, y les dijo: «¿Cuánto me darían, si yo les entrego a Jesús?» Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.
Desde entonces Judas buscaba el mejor momento de entregar a Jesús.
El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida de la pascua?»
Él les indicó ir a la ciudad, a la casa de cierto hombre, y decirle: «El Maestro dice: “Mi tiempo está cerca. Celebraré la pascua con mis discípulos en tu casa.”»

Los discípulos hicieron lo que Jesús les mandó, y prepararon la pascua.
Cuando llegó la noche, Jesús se sentó a la mesa con los doce, y mientras comían dijo: «De cierto les digo, que uno de ustedes me va a traicionar.»
Ellos se pusieron muy tristes, y cada uno comenzó a preguntarle: «¿Soy yo, Señor?»
Él les respondió: «El que mete la mano conmigo en el plato, es el que me va a entregar.
A decir verdad, el Hijo del Hombre sigue su camino, como está escrito acerca de él, ¡pero ay de aquel que lo traiciona! ¡Más le valdría no haber nacido!»
Entonces Judas, el que lo iba a traicionar, le preguntó: «¿Soy yo, Maestro?» Y Jesús le respondió: «Tú lo has dicho.»

Aún en el momento en que la vida se le estaba escapando a Jesús, notablemente él permaneció en control. Él predijo su arresto y crucifixión antes que los líderes religiosos se reunieran para conspirar contra él. Él sabía que Judas, uno de sus apóstoles en los que confiaba, iba a traicionarlo. Qué inquietante debe haber sido para Judas saber que Jesús podía ver justo a través de su farsa. Aunque los humanos tienen sus tramas y esquemas, son los planes de Dios los que siempre prevalecen. Nada puede interferir con lo que él se ha propuesto hacer. Y nada es más importante para el plan eterno de Dios que Jesús, el Hijo del Hombre, fuera entregado para ser crucificado. Su última comida, la Pascua, traía una importancia simbólica y apuntaba hacia el propósito de la muerte de Jesús. La Pascua era una celebración anual del éxodo de Israel de la esclavitud en Egipto La muerte de Jesús sería la nueva Pascua. Aquellos que confían en él experimentan el éxodo definitivo — la liberación de la esclavitud del pecado. Como resultado, ellos disfrutan el privilegio de vivir en la libertad de su amor por siempre.

Cuando la vida parece caótica, cuándo las cosas parecen sin coherencia, un gran consuelo puede ser encontrado al recordar la propia experiencia de Jesús al final de su vida. Aunque los humanos tramaron contra de él y ejecutaron su plan con éxito, sin embargo, no pudieron frustrar el plan de Dios. ¡Qué alivio hay en saber que nada puede interferir con el plan de aquel que está en control! Él trabaja cuidando todos los detalles para sus buenos propósitos. Al mirar a Jesús, especialmente en su muerte por nosotros, descubrimos lo central del plan de Dios para nosotros: a través de la muerte de Jesús, encontramos vida; a través de su sangre derramada por nosotros, experimentamos el éxodo de la esclavitud del pecado y la libertad de vivir en su amor.

Oración

Padre Lleno de Gracia, gracias por estar en control de nuestras vidas, especialmente cuando nos sentimos desesperadamente fuera de control. Céntranos en el que es el centro de tu plan eterno. Permítenos, Espíritu Santo, confiar en Cristo para que podamos experimentar el verdadero éxodo. Y habiendo experimentado el perdón de los pecados, podamos vivir diariamente en la libertad de tu amor, con el corazón lleno de devoción hacia ti. En el nombre de Cristo, amén.

Copyright (c) 2012 por Iglesia Presbiteriana del Redentor.

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Devocionales de Semana Santa – Día 6

La Cruz

Juan 19:17-28
17 Con su cruz a cuestas, Jesús salió al llamado «Lugar de la Calavera», que en hebreo es «Gólgota», 18 y allí lo crucificaron. Con él estaban otros dos, uno a cada lado suyo, y Jesús en medio de ellos. 19 Además, Pilato escribió también un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.20 Y muchos de los judíos leyeron este título, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. Este título estaba escrito en hebreo, griego y latín. 21 Los principales sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: «No escribas “Rey de los judíos”; sino que él dijo: “Soy Rey de los judíos”.» 22 Pero Pilato les respondió: «Lo que he escrito, escrito queda.»

23 Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos y los partieron en cuatro, una parte para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual no tenía ninguna costura, y de arriba abajo era de un solo tejido. 24 Y dijeron entre sí: «No la partamos. Más bien, echemos suertes, a ver quién se queda con ella.» Esto fue así para que se cumpliera la Escritura, que dice: «Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.»
Y así lo hicieron los soldados. 25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando Jesús vio a su madre, y vio también presente al discípulo a quien él amaba, le dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» 27 Y al discípulo le dijo: «Ahí tienes a tu madre.» Y a partir de ese momento el discípulo la recibió en su casa.
28 Después de esto, y como Jesús sabía que ya todo estaba consumado, dijo «Tengo sed», para que la Escritura se cumpliera. 29 Había allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en un hisopo, y se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús probó el vinagre, dijo «Consumado es»; luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

Lea de nuevo el pasaje de hoy lentamente y en oración, activando su imaginación a medida que cada escena se desarrolla. ¿Qué ve, escucha,

siente, huele en cada escena? ¿Qué significa todo esto para usted? Permita que el Espíritu Santo le hable hoy a través de la historia de la muerte de Cristo por usted.

Oración Señor Jesús, fueron nuestros pecados los que te enviaron a la cruz. Ahí vimos nuestro Rey. Allí terminaste la obra de nuestra redención. Allí te miramos a ti, a quien habíamos atravesado. Allí la redención fue consumada. Gracias por tu increíble amor. En el nombre de Cristo, amén. Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 5

El Lavamiento

San Juan 13:1-15 RVC
Antes de la fiesta de la pascua, Jesús sabía que su hora había llegado para pasar de este mundo y volver al Padre. A los suyos que estaban en el mundo los había amado siempre, y los amó hasta el fin.
El diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que entregara a Jesús, así que mientras cenaban
Jesús, que sabía que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas, y que había salido de Dios, y que a Dios volvía, se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la sujetó a la cintura; luego puso agua en un recipiente y comenzó a lavar los pies de los discípulos, para luego secárselos con la toalla que llevaba en la cintura.
Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: «Señor, ¿tú me lavas los pies?»
Respondió Jesús y le dijo: «Lo que yo hago, no lo entiendes ahora; pero lo entenderás después.»
Pedro le dijo: «¡Jamás me lavarás los pies!» Y Jesús le respondió: «Si no te los lavo, no tendrás parte conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Entonces, Señor, lávame no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «El que está lavado, no necesita más que lavarse los pies, pues está todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos.»
Y es que él sabía quién lo entregaría; por eso dijo: «No todos están limpios.»
Después de lavarles los pies, Jesús tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Saben lo que he hecho con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro, y Señor; y dicen bien, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.
Porque les he puesto el ejemplo, para que lo mismo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan.

La TLA traduce San Juan 13 versículo 1: «Él siempre había amado a sus seguidores que estaban en el mundo, y los amó de la misma manera hasta el fin.». En este acto inesperado del lavado de los pies, Jesús estaba comunicando algo profundo acerca de la naturaleza del amor divino. El amor no es sólo lo que Jesús hace, sino que Él es amor.

A menudo, cuando consideramos amar a alguien, pensamos en términos de acciones y comportamientos. Nos preguntamos a nosotros mismos, «¿Qué es lo amoroso que debo hacer?» Pero el acto de servicio modesto e inesperado de Jesús nos lleva a hacernos la anterior pregunta, «¿Quién soy yo?». Sin haber hecho primero esta pregunta, podemos inadvertidamente poner límites a nuestro amor, porque no estamos actuando en repuesta a una identidad transformada por el evangelio. Por ejemplo, si funcionalmente nos vemos como huérfanos necesitando buscar a Dios para nosotros mismos en lugar de vernos como hijos amados de Dios, vamos a limitar nuestra generosidad hacia los demás por miedo a no tener suficiente. De la misma forma, si pensamos que somos justos por nuestro arduo trabajo, habrá límites en el camino en el que queremos servir a otros porque nuestro orgullo nos impide servir a aquellos que «no lo merecen».

Cuando miramos a Cristo, encontramos una hermosa libertad para servir a otros que surge de la seguridad de nuestra identidad: «quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo…» (Filipenses 2:6-7, TLA). Jesús pudo servir de una manera que nadie esperaba porque Él conocía íntimamente el amor del Padre. El mismo corazón que lo llevó a lavar los pies de los discípulos lo llevaría a la cruz. Debido a Cristo, nosotros tenemos la misma privilegiada condición y seguridad con el Padre, y así nos volvemos libres para servir de las maneras radicales y amorosas como él nos ha servido.

Oración

Padre Celestial, olvido todos los días quién soy en Cristo y la gracia que envuelve mi vida. Mi amor tiene límites porque no abrazo la verdad de quién tú quieres que yo llegue a ser. Ayúdame a vivir la realidad de ser tu hijo amado para que mi amor por otros fluya de esta nueva identidad. Déjame ser un siervo asombroso para aquellos a mi alrededor mientras tú quitas los límites que he puesto a mi propio amor. En el nombre de Cristo, amén.

Copyright (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 3

La Predicción

San Juan 12:20-33 RVC
Entre los que habían ido a la fiesta para adorar había algunos griegos.
Estos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y entre ruegos le dijeron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue y se lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.
Jesús les dijo: «Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado.
De cierto, de cierto les digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, se queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
El que ama su vida, la perderá; pero el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para vida eterna.
Si alguno me sirve, sígame; donde yo esté, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará.
»Ahora mi alma está turbada. ¿Y acaso diré: “Padre, sálvame de esta hora”? ¡Si para esto he venido!
Padre, ¡glorifica tu nombre!» En ese momento vino una voz del cielo: «Lo he glorificado, y volveré a glorificarlo.»
La multitud que estaba allí, y que había oído la voz, decía que había sido un trueno. Pero otros decían: «Le ha hablado un ángel.»
Jesús les dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes.
Ahora es el juicio de este mundo; ahora será expulsado el príncipe de este mundo. Y cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.»
Con esto Jesús daba a entender de qué muerte iba a morir.

Juan dedica gran parte de su Evangelio a los últimos seis días de la vida de Jesús. En Juan 12, Jesús predice «qué tipo de muerte iría a sufrir» — una que forzaría a Satanás a soltar su control de la muerte sobre el mundo, levantar a Jesús en victoria sobre los horrores de la crucifixión y de la tumba y atraer gente de todo el mundo (v. 32). Pero aquí él también reitera su modelo aleccionador a todos los que quieran seguirlo y ser conocidos como sus discípulos.

Desde los primeros días de su ministerio, según Juan, Jesús ha estado aludiendo a su «hora» — el tiempo señalado cuando se iría a someter al sufrimiento y la muerte por los pecados del mundo. Pero a través de esta humillación, Jesús extrañamente irradia la «gloria» de Dios a la humanidad. Dios «glorifica su nombre» no solo a través del ministerio terrenal de Cristo, sino también de su muerte. Juan presagia esta realidad desde el principio para concluir «hemos visto (o ‘contemplado’) su gloria … lleno de gracia y verdad» (1:14).

Igualmente sorprendente es el Jesús tan humano que encontramos aquí, lo suficientemente honesto para admitir «Ahora está turbada mi alma» (v. 27) cuando comienza a sentir la agonía a la que está a punto de someterse. Es una imagen impresionante de una persona totalmente abandonada a Dios en el momento de un dolor indecible, sabiendo que la gloria de Dios es, en última instancia, lo único que importa. Y este se convierte en un momento de enseñanza también para los discípulos.

Las semillas deben morir para reproducirse; llevan en ellas la promesa de vida. Aparentemente, para el mundo la muerte de Cristo parece ser un desastre, pero al caer “en la tierra» (v. 24), él puede levantar a sus seguidores y traer «muchos hijos a la gloria» (Hebreos 2:10). No obstante, seguir a Cristo tiene un costo: muchos de los discípulos originales sufrieron ellos mismos muertes atroces, lo que llevó a Tertuliano a concluir «la sangre de los mártires es la semilla de la iglesia». Los discípulos de Cristo deben siempre «morir» a ellos mismos para encontrar la «esperanza viva» en Cristo (1 Pedro 1:3-5). Aquí es relevante la observación que hace Dietrich Bonhoeffer sobre el discipulado: «cuando Cristo llama a un hombre, él le hace la oferta de venir y morir.»

Oración

Señor resucitado, nos amaste tanto que moriste en la cruz para salvarnos del pecado. Oramos para que esta realidad nos dé humildad, nos lleve siempre a alabarte, y nos dé libertad para vivir plenamente abandonados a tu amorosa voluntad. En tu misericordia, concédenos estas peticiones, porque las hemos orado en tu nombre. Amén.

Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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SEMANA 4 Amor: Sábado 29 de Diciembre 2018

SÁBADO, DICIEMBRE 29, 2018 Oremos Misericordioso Dios de amor, guía mis pasos por caminos de paz. Déjame vivir en la luz brillante de la salvación. Llévame adelante, iluminado por la presencia de Cristo. Amén. Leamos Zacarías, el padre del niño, lleno del Espíritu Santo y hablando proféticamente, dijo: “¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha venido a rescatar a su pueblo! Nos ha enviado un poderoso salvador, un descendiente de David, su siervo. Esto es lo que había prometido en el pasado por medio de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de todos los que nos odian, que tendría compasión de nuestros antepasados y que no se olvidaría de su santa alianza. Y este es el juramento que había hecho a nuestro padre Abraham: que nos permitiría vivir sin temor alguno, libres de nuestros enemigos, para servirle con santidad y justicia, y estar en su presencia toda nuestra vida. En cuanto a ti, hijito mío, serás llamado profeta del Dios altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer saber a su pueblo que Dios les perdona sus pecados y les da la salvación. Porque nuestro Dios, en su gran misericordia, nos trae de lo alto el sol de un nuevo día, para dar luz a los que viven en la más profunda oscuridad, y dirigir nuestros pasos por el camino de la paz.” Lucas 1.67-79 Reflexionemos Nuestra espera y anticipación llegan a su fin a medida que concluimos el Adviento yentramos en la temporada del nacimiento de Jesús. Tal como Zacarías lo había profetizado, ¡Dios ha venido a ayudar a su pueblo y liberarlo! Vemos esto cumplido en Jesús: nuestro poderoso Salvador, un descendiente de David, el profeta prometido desde hace mucho tiempo. Por medio de Jesús, Dios recuerda el pacto con Abraham y muestra misericordia a Israel. Dios también nos recuerda. Nosotros también estamos invitados a recibir a Cristo, el rey recién nacido, y caminar por sus sendas de paz. Somos salvados, y nuestros pecados son perdonados. Y entonces, la conclusión de Adviento es solo el comienzo. Mañana llega el verdadero anhelo de nuestros corazones. El brillante amanecer de la salvación se levanta sobre nosotros. Sigamos viviendo en la luz de Cristo que brilla desde el cielo, iluminando con su presencia incluso la sombra oscura de la muerte. Respondamos Reflexionemos sobre las últimas cuatro semanas de Adviento. ¿Qué ideas llevarás contigo de ahora en adelante? ¿Qué prácticas continuarás? ¿Cómo te ha preparado el Adviento para vivir a la luz de Cristo y caminar en sus sendas de paz?

¡Esperamos que hayas aprovechado este viaje inspirador!

Desde siempre la Iglesia de Cristo, que está conformada por la suma de Iglesias donde se adora a Dios Padre en gratitud por su amor, se confiesa a Jesús como Salvador y Señor, y se vive la guía y consuelo del Espíritu Santo, ha visto la necesidad de recordar las acciones maravillosas de Dios emprendidas para nuestra salvación. Pero siempre estas celebraciones tienen un objetivo: acercarnos más al Dios que celebramos. En el caso del Adviento y la Navidad, no olvidemos que la intención es llevarnos a un encuentro vivo y cotidiano con Jesús, la máxima manifestación de Dios en la historia, en nuestra historia personal, eclesial y comunitaria. Adviento, Navidad y las otras estaciones o temporadas en las que celebramos la acción de Dios en la historia, son importantes. Pero no “tan importantes” como para hacer de ellas fiestas de guardar o ritos que cumplir. Nuestra intención al poner este material en tus manos es, precisamente, que las palabras de la Biblia citadas sean un punto de encuentro con el Dios que inspiró a la Biblia misma. Y, por tanto, nuestras vidas sean transformadas por el amor de Dios, la gracia de Jesucristo y la acción del Espíritu Santo. Celebremos juntos Adviento y Navidad encontrándonos con Jesús, el Cristo de Dios. Y vivamos el próximo año caminando el camino que él nos propone en Su Palabra.

Y Dios, que es quien da constancia y consuelo, los ayude a ustedes a vivir en armonía unos con otros, conforme al ejemplo de Cristo Jesús, para que todos juntos, a una sola voz, alaben al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Romanos 15.5-6 DHH

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SEMANA 4 Amor: Viernes 28 de Diciembre 2018

VIERNES, DICIEMBRE 28, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de amor, tu Espíritu se movió de manera poderosa antes del nacimiento de Jesús y continúa moviéndose hoy. Déjame conocer tu presencia incluso ahora. Amén.

Leamos

Al cumplirse el tiempo en que Isabel debía dar a luz, tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes fueron a felicitarla cuando supieron que el Señor había sido tan bueno con ella. A los ocho días, llevaron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías. Pero su madre dijo: —No. Tiene que llamarse Juan. Le contestaron: —No hay nadie en tu familia con ese nombre. Entonces preguntaron por señas al padre del niño, para saber qué nombre quería ponerle. El padre pidió una tabla para escribir, y escribió: ‘Su nombre es Juan.’ Y todos se quedaron admirados. En aquel mismo momento Zacarías volvió a hablar, y comenzó a alabar a Dios. Todos los vecinos estaban asombrados, y en toda la región montañosa de Judea se contaba lo sucedido. Todos los que lo oían se preguntaban a sí mismos: “¿Qué
llegará a ser este niño?” Porque ciertamente el Señor mostraba su poder en favor de él. Lucas 1.57-66

Reflexionemos

En los días previos al nacimiento de Jesús, el Espíritu de Dios ya se está moviendo. Como el ángel profetizó a María, Elisabet da a luz un hijo. Su esposo, Zacarías, a quien Dios enmudeció durante el transcurso del embarazo, declara que el nombre del niño será Juan. ¡Este no es un nombre de la familia! No sigue las costumbres o líneas ancestrales de Israel. Pero Zacarías está siendo obediente a las instrucciones de Dios. Y en ese momento, comienza a adorar audiblemente a Dios. Las noticias se extienden por todo el país, hasta las montañas. Está claro que el poder de Dios está sobre este nuevo bebé. Comenzamos a ver el poder de Dios emergiendo, pavimentando el camino para el Mesías. Las promesas predichas se están haciendo realidad. Las profecías y las alabanzas están apareciendo. Y la mayor revelación del poder de Dios se acerca.
El Espíritu de Dios continúa moviéndose de maneras poderosas. Este es el mismo Espíritu que estuvo presente en la creación, que fue uno con Jesús, y que está disponible para nosotros hoy. A medida que miremos la llegada de Jesús y el regreso de Cristo, mantengamos el conocimiento de que el Espíritu de Dios ya está presente con nosotros.

Respondamos

¿Alguna vez has sido obediente a Dios incluso cuando iba en contra de las expectativas de los demás? ¿Cuál fue la situación? ¿Cómo se sintió elegir la obediencia? ¿Cuáles fueron los resultados? Tómate el tiempo para escribir sobre esto en tu diario o comentarlo con un amigo.

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SEMANA 4 Amor: Jueves 27 de Diciembre 2018

JUEVES, DICIEMBRE 27, 2017

Oremos

Misericordioso Dios de amor, déjame reconocer tu bondad, santidad y misericordia en el pasado, presente y futuro. Déjame recibir la alegría de tus promesas cumplidas incluso ahora. Amén.

Leamos

María dijo:
“Mi alma alaba la grandeza del Señor;
mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.
Porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora siempre me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes lo reverencian.
Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.”
Lucas 1.46-55

Reflexionemos

Cuando Elizabet escucha el saludo de María, es llenada con el Espíritu Santo, Juan salta en su vientre y ella expresa una bendición sobre María, maravillándose. “Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá lo que el Señor te ha anunciado!”. La respuesta de María está llena de fe: en la bondad, la santidad y la misericordia de Dios. Dios ha hecho grandes cosas por ella y de una generación a otra. Sin embargo, María habla como si la plenitud de las promesas de Dios ya hubiera llegado a buen término. Dios ha llenado de bienes al hambriento y ha enviado a los ricos con las manos vacías. Dios ha cumplido las promesas hechas a sus antepasados. ¡Dios ha venido a ayudar a Israel, su siervo! Sus palabras apuntan a la historia de Israel y apuntan hacia las grandes y poderosas cosas que Dios completará a través de su hijo, Jesús.

¿Qué visiones del reino de Dios vio María, mientras cargaba al Mesías en su vientre? ¿Qué verdades ya se estaban desarrollando? Mientras esperamos la promesa de la llegada de Cristo, podemos compartir la
visión gozosa de María. Podemos nombrar la bondad de Dios en el pasado, presente y futuro. Entonces podemos hacernos eco de las palabras de María: “Desde ahora siempre me llamarán dichosa; porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas”.

Respondamos

Escribe tu propia canción de alabanza a Dios. ¿Cómo Dios ha sido fiel en tu historia? ¿Qué promesas Dios ha cumplido para ti o para aquellos cercanos a ti? Nombre algunos de los atributos de Dios, tales como la bondad, la santidad y la misericordia. Agradece a Dios por estar presente en tu pasado y presente. Regocíjate en la visión del reino de Dios, completado ya en Cristo.

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SEMANA 4 Amor: Miércoles 26 de Diciembre 2018

MIÉRCOLES, DICIEMBRE 26, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de amor, gracias por guiarme con tu voz de amor. Gracias porque la oscuridad está pasando; tu luz está saliendo a la luz. Amén.

Leamos

Ella
¡Ya viene mi amado!
¡Ya escucho su voz!
Viene saltando sobre los montes,
viene saltando por las colinas.
Mi amado es como un venado:
como un venado pequeño.
¡Aquí está ya, tras la puerta,
asomándose a la ventana,
espiando a través de la reja!
Mi amado me dijo:
“Levántate, amor mío;
anda, cariño, vamos.
¡Mira! El invierno ha pasado
y con él se han ido las lluvias.
Ya han brotado flores en el campo,
ya ha llegado el tiempo de cantar,
ya se escucha en nuestra tierra
el arrullo de las tórtolas.
Ya tiene higos la higuera,
y los viñedos esparcen su aroma.
“Levántate, amor mío;
anda, cariño, vamos.
“Paloma mía, que te escondes en las rocas,
en altos y escabrosos escondites,
déjame ver tu rostro,
déjame escuchar tu voz.
¡Es tan agradable el verte!
¡Es tan dulce el escucharte!”
Cantar de los Cantares 2.8-14

Reflexionemos

A medida que nos acercamos al final del Adviento, comenzamos a ver la luz brillando adelante nuestro. Somos atraídos hacia llegada de Cristo, el anhelo verdadero de nuestro corazón. ¿Qué palabras pueden expresar nuestro amor? ¿Cómo podemos describir la ternura del nacimiento de Cristo? ¿Cómo podemos describir la emoción de conocer a nuestro rey recién nacido?

Quizás podamos usar el lenguaje de Cantar de los Cantares, articulando el anhelo entre dos amantes. “¡Ya viene mi amado! ¡Ya escucho su voz!”, dice la mujer. “Viene saltando sobre los montes, viene saltando por las colinas”, viene corriendo por las colinas hacia mí. Ella busca imágenes: ¡es como una gacela!, ¡es como un ciervo! Él se acerca, la mira y le dice: “Levántate, amor mío; anda, cariño, vamos”.

En los pocos días que quedan por delante, miramos con gran emoción la llegada de Cristo. Oímos su voz llamándonos a avanzar, como el joven amante a su amada: “El invierno ha pasado y con él se han ido las lluvias. Ya han brotado flores en el campo, ya ha llegado el tiempo de cantar.”

Respondamos

Reflexionemos sobre la descripción en este poema acerca de la transición entre el invierno y la primavera. ¿Cómo describirías “inviernos”, esas tus temporadas de pérdida o dificultad? ¿Cómo describirías las estaciones que son como la primavera, trayendo nuevos crecimientos y vida? ¿Qué se siente al pasar del invierno a la primavera?

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SEMANA 4 Amor: Martes 25 de Diciembre 2018

MARTES, DICIEMBRE 25, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de amor, gracias por tus promesas dichas hace mucho tiempo y que continúan hasta el presente. Gracias por invitarme a tu reino eterno. Amén.

Leamos

El Señor dijo también a Ahaz: “Pide al Señor tu Dios que haga un milagro que te sirva de señal, ya sea abajo en lo más profundo o arriba en lo más alto.” Ahaz contestó: “No, yo no voy a poner a prueba al Señor pidiéndole una señal.”
Entonces Isaías dijo: “Escuchen ustedes, los de la casa real de David. ¿Les parece poco molestar a los hombres,
que quieren también molestar a mi Dios? Pues el Señor mismo les va a dar una señal:
La joven está encinta
y va a tener un hijo,
al que pondrá por nombre Emanuel., Isaías 7.10-14

A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, donde vivía una joven llamada María; era virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: —¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo. María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: —María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David, para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin. Lucas 1.26-33

Reflexionemos

El libro de Isaías hace referencia a un nacimiento inusual – como una señal del Señor. Una mujer joven tendrá un hijo y le llamará “Emmanuel”, que significa “Dios con nosotros”. Para el rey Ahaz, estas eran tremendas palabras de esperanza. Se
encuentra en una posición política difícil, y tiene que decidir si se rinde o no a sus enemigos y compromete la línea davídica. Pero tener un heredero estabilizaría su reino. Asegurará que alguien de la familia de David siempre permanezca en el poder sobre Israel. Esta profecía, efectivamente, se cumple. Su esposa da a luz a un hijo. La promesa de Dios de estar con Israel perdura.

Siglos más tarde escuchamos palabras similares, dichas a una mujer joven prometida en matrimonio a uno de los descendientes del rey David. Un ángel le dice a María: “Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre
Jesús”. ¡María tendrá un hijo! Pero no solo cualquier hijo. Se convertirá en un rey como David y “su reinado no tendrá fin”.
Jesús es el cumplimiento máximo de las promesas de Dios a Israel. Él continúa la línea davídica y es el Hijo del Dios Altísimo. Pero su reinado no estará marcado por el poder político o la fuerza personal. En muchos sentidos, se verá ordinario, incluso humilde; comenzará en un establo y llegará a una muerte cruel en la cruz. Jesús establecerá el reino de Dios en la tierra, un reino definido por la humildad, el servicio, el amor a Dios y al prójimo. Este reino restaurará la integridad y la paz.
Este es el reino que anhelamos.

Respondamos

Considera una forma de participar hoy en el reino de Dios. ¿Cómo puedes mostrar humildad? ¿Puedes involucrarte en actos de servicio? ¿Hay alguna forma de expresar tangiblemente tu amor a Dios y al prójimo?

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