VIERNES, DICIEMBRE 28, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de amor, tu Espíritu se movió de manera poderosa antes del nacimiento de Jesús y continúa moviéndose hoy. Déjame conocer tu presencia incluso ahora. Amén.

Leamos

Al cumplirse el tiempo en que Isabel debía dar a luz, tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes fueron a felicitarla cuando supieron que el Señor había sido tan bueno con ella. A los ocho días, llevaron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías. Pero su madre dijo: —No. Tiene que llamarse Juan. Le contestaron: —No hay nadie en tu familia con ese nombre. Entonces preguntaron por señas al padre del niño, para saber qué nombre quería ponerle. El padre pidió una tabla para escribir, y escribió: ‘Su nombre es Juan.’ Y todos se quedaron admirados. En aquel mismo momento Zacarías volvió a hablar, y comenzó a alabar a Dios. Todos los vecinos estaban asombrados, y en toda la región montañosa de Judea se contaba lo sucedido. Todos los que lo oían se preguntaban a sí mismos: “¿Qué
llegará a ser este niño?” Porque ciertamente el Señor mostraba su poder en favor de él. Lucas 1.57-66

Reflexionemos

En los días previos al nacimiento de Jesús, el Espíritu de Dios ya se está moviendo. Como el ángel profetizó a María, Elisabet da a luz un hijo. Su esposo, Zacarías, a quien Dios enmudeció durante el transcurso del embarazo, declara que el nombre del niño será Juan. ¡Este no es un nombre de la familia! No sigue las costumbres o líneas ancestrales de Israel. Pero Zacarías está siendo obediente a las instrucciones de Dios. Y en ese momento, comienza a adorar audiblemente a Dios. Las noticias se extienden por todo el país, hasta las montañas. Está claro que el poder de Dios está sobre este nuevo bebé. Comenzamos a ver el poder de Dios emergiendo, pavimentando el camino para el Mesías. Las promesas predichas se están haciendo realidad. Las profecías y las alabanzas están apareciendo. Y la mayor revelación del poder de Dios se acerca.
El Espíritu de Dios continúa moviéndose de maneras poderosas. Este es el mismo Espíritu que estuvo presente en la creación, que fue uno con Jesús, y que está disponible para nosotros hoy. A medida que miremos la llegada de Jesús y el regreso de Cristo, mantengamos el conocimiento de que el Espíritu de Dios ya está presente con nosotros.

Respondamos

¿Alguna vez has sido obediente a Dios incluso cuando iba en contra de las expectativas de los demás? ¿Cuál fue la situación? ¿Cómo se sintió elegir la obediencia? ¿Cuáles fueron los resultados? Tómate el tiempo para escribir sobre esto en tu diario o comentarlo con un amigo.