MARTES, DICIEMBRE 25, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de amor, gracias por tus promesas dichas hace mucho tiempo y que continúan hasta el presente. Gracias por invitarme a tu reino eterno. Amén.

Leamos

El Señor dijo también a Ahaz: “Pide al Señor tu Dios que haga un milagro que te sirva de señal, ya sea abajo en lo más profundo o arriba en lo más alto.” Ahaz contestó: “No, yo no voy a poner a prueba al Señor pidiéndole una señal.”
Entonces Isaías dijo: “Escuchen ustedes, los de la casa real de David. ¿Les parece poco molestar a los hombres,
que quieren también molestar a mi Dios? Pues el Señor mismo les va a dar una señal:
La joven está encinta
y va a tener un hijo,
al que pondrá por nombre Emanuel., Isaías 7.10-14

A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, donde vivía una joven llamada María; era virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: —¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo. María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: —María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David, para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin. Lucas 1.26-33

Reflexionemos

El libro de Isaías hace referencia a un nacimiento inusual – como una señal del Señor. Una mujer joven tendrá un hijo y le llamará “Emmanuel”, que significa “Dios con nosotros”. Para el rey Ahaz, estas eran tremendas palabras de esperanza. Se
encuentra en una posición política difícil, y tiene que decidir si se rinde o no a sus enemigos y compromete la línea davídica. Pero tener un heredero estabilizaría su reino. Asegurará que alguien de la familia de David siempre permanezca en el poder sobre Israel. Esta profecía, efectivamente, se cumple. Su esposa da a luz a un hijo. La promesa de Dios de estar con Israel perdura.

Siglos más tarde escuchamos palabras similares, dichas a una mujer joven prometida en matrimonio a uno de los descendientes del rey David. Un ángel le dice a María: “Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre
Jesús”. ¡María tendrá un hijo! Pero no solo cualquier hijo. Se convertirá en un rey como David y “su reinado no tendrá fin”.
Jesús es el cumplimiento máximo de las promesas de Dios a Israel. Él continúa la línea davídica y es el Hijo del Dios Altísimo. Pero su reinado no estará marcado por el poder político o la fuerza personal. En muchos sentidos, se verá ordinario, incluso humilde; comenzará en un establo y llegará a una muerte cruel en la cruz. Jesús establecerá el reino de Dios en la tierra, un reino definido por la humildad, el servicio, el amor a Dios y al prójimo. Este reino restaurará la integridad y la paz.
Este es el reino que anhelamos.

Respondamos

Considera una forma de participar hoy en el reino de Dios. ¿Cómo puedes mostrar humildad? ¿Puedes involucrarte en actos de servicio? ¿Hay alguna forma de expresar tangiblemente tu amor a Dios y al prójimo?

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