LUNES, DICIEMBRE 24, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de amor, gracias por traer vida donde no la hay. Llena mi vacío con tu presencia. Deja que mi vergüenza se convierta en una fuente de tu bendición. Amén.

Leamos

En Sorá, de la tribu de Dan, había un hombre que se llamaba Manoa. Su mujer nunca había tenido hijos, porque era estéril. Pero el ángel del Señor se le apareció a ella y le dijo: “Tú nunca has podido tener hijos, pero ahora vas a quedar embarazada y tendrás un niño. Pero no tomes vino ni ninguna otra bebida fuerte, ni comas nada impuro, pues vas a tener un hijo al que no se le deberá cortar el cabello, porque ese niño estará consagrado a Dios como nazareo desde antes de nacer, para que sea él quien comience a librar a los israelitas del poder de los filisteos.” Jueces 13.2-5

En el tiempo en que Herodes era rey del país de los judíos, vivía un sacerdote llamado Zacarías, perteneciente al turno de Abías. Su esposa, llamada Isabel, descendía de Aarón. Los dos eran justos delante de Dios y obedecían los mandatos y leyes del Señor de manera intachable. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; además, los dos eran ya muy
ancianos. Un día en que al grupo sacerdotal de Zacarías le tocó el turno de oficiar delante de Dios, según era costumbre entre los sacerdotes, le tocó en suerte a Zacarías entrar en el santuario del templo del Señor para quemar incienso. Mientras se quemaba el incienso, todo el pueblo estaba orando afuera. En esto se le apareció a Zacarías un ángel del Señor, de pie al lado derecho del altar del incienso. Al ver al ángel, Zacarías se quedó sorprendido y lleno de miedo. Pero el ángel le dijo: —Zacarías, no tengas miedo, porque Dios ha oído tu oración, y tu esposa Isabel te va a dar un hijo, al que pondrás por nombre Juan. Lucas 1.5-13

Reflexionemos

Durante el Adviento reflexionamos sobre cómo Dios brinda vida cuando no la hay. ¿Qué mejor ejemplo de esto que traer vida a un vientre vacío – llenado aquello que está vacío, haciendo un nuevo camino donde parece imposible? A lo largo de la historia de Israel, tener hijos era un signo de la bendición de Dios. Era una forma en que el pueblo de Dios practicaba la obediencia y llevaba a cabo el pacto de Dios con Abraham (Génesis 1.28; 12.1-3). Tener hijos no era simplemente una decisión personal; afectaba a toda la comunidad. Esto multiplicó a Israel como un grupo de personas y extendió su testimonio a las naciones circundantes. El que una mujer no pudiera concebir, era algo dolorosamente vergonzoso. ¿Por qué Dios no la bendijo? ¿Por qué no podría cumplir su deber como mujer? ¿Ella era defectuosa? ¿Había algo pecaminoso? Ella era marginada en su comunidad, siempre a la sombra de sus contrapartes fructíferas.

Sin embargo, Dios a menudo elige a los candidatos menos probables para llevar a cabo las promesas del reino. Vemos esto en las historias de la esposa de Manoa y la prima de María, Elisabet. Ambas mujeres no podían tener hijos, pero fueron elegidas por Dios para concebir. Sus embarazos tuvieron profundas implicaciones para la historia de Israel, produciendo bendiciones que fueron mucho más allá de sus propias vidas. La esposa de Manoah dio a luz a Sansón, quien comenzó la tarea de rescatar a Israel de sus enemigos, los filisteos. Elizabeth dio a luz a Juan el Bautista, ¡quien preparó el camino para Jesús! También esperamos que Cristo venga y nos traiga vida donde no la hay, para llenar lo que está vacío. Anhelamos que el Mesías transforme nuestra vergüenza en la fuente de nuestra mayor bendición.

Respondamos

En tu vida, ¿cuál es una fuente de vergüenza? Esto puede ser falta de trabajo, soltería, esterilidad o una discapacidad física. Sea lo que sea, tráelo ante Dios en oración. Pídele a Dios que convierta esta causa de vergüenza en una fuente de bendición para ti y para los demás. Pídele a Dios que te encuentre íntimamente en este lugar de necesidad y permítele que engendre compasión por otros que están sufriendo.

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