MARTES, DICIEMBRE 18, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de gozo, ayúdame a reconocer las señales de tu llegada. Ayúdame a recordar que en cualquier momento puedo creer y seguirte. Dame ojos para ver la transformación que tiene lugar alrededor mío, y dentro de mí. Amén.

Leamos

Jesús les preguntó: —¿Qué opinan ustedes de esto? Un hombre tenía dos hijos, y le dijo a uno de ellos: ‘Hijo, ve hoy a trabajar a mi viñedo.’ El hijo le contestó: ‘¡No quiero ir!’ Pero
después cambió de parecer, y fue. Luego el padre se dirigió al otro, y le dijo lo mismo. Este contestó: ‘Sí, señor, yo iré.’ Pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo lo que su padre quería? —El primero—contestaron ellos.
Y Jesús les dijo: —Les aseguro que los que cobran impuestos para Roma, y las prostitutas, entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos. Porque Juan el Bautista vino a enseñarles el camino de la justicia, y ustedes no le creyeron; en cambio, esos cobradores de impuestos y esas prostitutas sí le creyeron. Pero ustedes, aunque vieron todo esto, no cambiaron de actitud para creerle. Mateo 21.28-32

Reflexionemos

Cualquier persona que esté dispuesta puede recorrer el camino de Jesús. Jesús llama a recaudadores de impuestos y prostitutas. Esto alude a cualquiera que se considere indigno, aquellos con los que nadie quiere asociarse: los injustos, los inapropiados, los vergonzosos; aquellos cuyas vidas apestan a estragos y causan mal olor a las vidas de otros. ¡Los adictos, los enfermos y contagiosos, los delincuentes sexuales, los políticos, los ladrones! Si alguien escucha las buenas nuevas y responde, es bienvenido al reino de Dios. Sus vidas pueden ser restauradas. Sus pecados serán olvidados. Se convertirán en nuevas creaciones en
Cristo.

Nunca es demasiado tarde para escuchar la invitación de Jesús y responder. Sin embargo, desconocemos los signos de la llegada de Jesús cuando consideramos que algunos son dignos del reino de Dios y otros no. No vemos a Jesús entre nosotros cuando caemos en la trampa de pensar que él vino por los buenos y piadosos y no por los pecadores. La verdadera alegría es darse cuenta de que todos necesitamos a Cristo; estamos invitados a unirnos a él en el camino. ¡Que podamos tener los ojos para ver a Jesús transformar nuestras vidas, y las vidas que nos rodean, y las mentes para creer y seguirlo!

Respondamos

Reflexionemos sobre la temporada de Adviento vivida hasta este punto. ¿Qué transformaciones has experimentado? ¿Cómo te has encontrado con Cristo? Considera las prácticas espirituales que han sido significativas. Identifica pensamientos, comportamientos o modos de pensar que cambiaron para ser más como Cristo. Es posible que desees escribir sobre esto en tu diario o compartirlo con un amigo.