LUNES, DICIEMBRE 17, 2018

Oremos

Misericordioso Dios gozo, gracias por invitarme a tu vida abundante. Déjame rebosar de gozo incluso ahora mismo. Te alabo por las grandes cosas que has hecho al enviar a tu Hijo. Amén.

Leamos

Por aquellos días, María se fue de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se le estremeció en el vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo: —¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Pues tan pronto como oí tu saludo, mi hijo se estremeció de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho! María dijo: “Mi alma alaba la grandeza del Señor; mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.” Lucas 1.39-47

Reflexionemos

Si bien Adviento es un tiempo de espera y paciencia, también es un momento de gran alegría. Después que María recibió la noticia de que daría a luz al Mesías, visitó a su pariente Elisabet. A pesar de la avanzada edad de Elisabet, ella también estaba embarazada. Ella esperaba a Juan el Bautista, el profeta que anunciaría la llegada de Jesús. Tan pronto como Elisabet vio a María, Juan saltó de alegría y Elisabet fue llena del Espíritu Santo. ¡Qué milagros estaban ocurriendo! ¡Qué movimientos del Espíritu de Dios! ¡Qué regalos inesperados! Esta inmensa alegría se desbordó en el canto de María: “Mi alma alaba la grandeza del Señor; mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.”

Adviento nos recuerda que tenemos motivos para celebrar. A través de Jesús, somos invitados a una vida abundante. Nuestra alegría se desborda. No tenemos que esperar el regreso de Cristo; podemos experimentar esa alegría de Dios incluso ahora mismo.

Respondamos

Practiquemos recibir la alegría de Dios. A lo largo de tu día, presta atención a lo que te hace esta agradecido. Cada vez, recibe lo que observas como un regalo. Ofrece a Dios gratitud y alabanza. Deléitate en eso. Deja que tu alegría se desborde