JUEVES, DICIEMBRE 20, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de gozo, gracias por tus tiernas palabras de amor. Restáurame y sálvame. Quita mi vergüenza y soledad. Asegúrame tus promesas de paz. Amén.

Leamos

Da gritos de alegría, mujer estéril y sin hijos;
estalla en cantos de gozo,
tú que nunca has dado a luz,
porque el Señor dice:
“La mujer abandonada tendrá más hijos
que la mujer que tiene esposo.”
Agranda tu tienda de campaña,
extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives;
alarga las cuerdas, clava bien las estacas,
porque te vas a extender a derecha e izquierda;
tus descendientes conquistarán muchas naciones
y poblarán las ciudades ahora desiertas.
No tengas miedo, no quedarás en ridículo;
no te insultarán ni tendrás de qué avergonzarte.
Olvidarás la vergüenza de tu juventud
y no te acordarás más de la deshonra de tu viudez,
porque tu creador te tomará por esposa.
Su nombre es Señor todopoderoso;
tu redentor es el Dios Santo de Israel,
el Dios de toda la tierra.
Eras como una esposa joven
abandonada y afligida,
pero tu Dios te ha vuelto a llamar y te dice:
“Por un corto instante te abandoné,
pero con bondad inmensa te volveré a unir conmigo.
En un arranque de enojo, por un momento, me oculté de ti,
pero con amor eterno te tuve compasión.”
Lo dice el Señor, tu redentor.
“Así como juré a Noé, cuando el diluvio,
no volver a inundar la tierra.
Así juro ahora
no volver a enojarme contigo
ni volver a amenazarte.
Aunque las montañas cambien de lugar
y los cerros se vengan abajo,
mi amor por ti no cambiará
ni se vendrá abajo mi alianza de paz.”
Lo dice el Señor, que se compadece de ti.
Isaías 54.1-10

Reflexionemos

Dios le habla con ternura a Israel, como un esposo a su esposa. A pesar que ella ha sido infiel, será traída de vuelta con profundo amor. Ella no será desgracia ni humillada. Ella olvidará las indiscreciones de su juventud, su desesperada soledad como viuda. Ella ya no será abandonada, estéril o vacía. En cambio, ampliará sus tiendas y alargará sus límites. Ella tendrá hijos, se llenará de gente. ¡Ella cantará con
gritos de alegría!
Si bien estas son imágenes de restauración y alegría, muchos de nosotros entramos al Adviento sintiéndonos como un Israel estéril. Podemos estar esperando promesas que no se han cumplido. Podemos sentirnos abandonados por Dios. Podemos llevar la carga o las repercusiones de nuestra infidelidad pasada. Los pecados pueden pesar mucho en nuestra conciencia o amenazarnos con llevarnos a comportamientos destructivos. Podemos sentirnos demasiado avergonzados para acercarnos a Dios, y menos aún para recibir al Hijo de Dios que llega al mundo. Sin embargo, Dios anhela hablarnos con ternura. Dios anhela salvarnos y restaurarnos, reemplazando nuestra vergüenza y soledad con gritos de alegría.

Podemos escuchar las palabras de Dios como promesas que se nos han dicho hoy: “Aunque las montañas cambien de lugar y los cerros se vengan abajo, mi amor por ti no cambiará ni se vendrá abajo mi alianza de paz. Lo dice el Señor, que se compadece de ti”.

Respondamos

Escribámosle una carta a Dios. Dirígete a Dios con la misma sinceridad e intimidad que a un esposo o esposa. ¿Qué quieres expresarle a Dios? ¿Qué necesidades anhelas que Dios conozca? ¿Qué palabras de amor quieres decirle? ¿Qué palabras de amor quieres escuchar? Trata honestamente los problemas y comparte tu gratitud, sabiendo que el Señor te ama.

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