VIERNES, DICIEMBRE 14, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de paz, enraízame en ti como un árbol junto a un arroyo. Nútreme y sosténme. Déjame dar fruto en el momento correcto. Desarrolla mi carácter, preparándome para lo que viene. Amén.

Leamos

Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni va por el camino de los pecadores,
ni hace causa común con los que se burlan de Dios,
sino que pone su amor en la ley del Señor
y en ella medita noche y día.
Ese hombre es como un árbol
plantado a la orilla de un río,
que da su fruto a su tiempo
y jamás se marchitan sus hojas.
¡Todo lo que hace, le sale bien!
Con los malvados no pasa lo mismo,
pues son como paja que se lleva el viento.
Por eso los malvados caerán bajo el juicio de Dios
y no tendrán parte en la comunidad de los justos.
El Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malos lleva al desastre.
Salmo 1.1-6 DHH

Reflexionemos

¿Qué sucede durante nuestro período de espera? Vivimos por la luz de Dios. Vemos como Dios ve. Crecemos como el pueblo amado de Dios. El salmista compara este crecimiento con un árbol plantado junto a una fuente de agua. A medida que plantamos nuestras raíces profundamente en el amor de Dios, Dios nos nutre y nos sustenta.

Durante el Adviento, practicamos enraizarnos silenciosamente en Dios. Durante los tiempos de espera, ¿a dónde más podemos ir? En el momento correcto, nuestra espera da fruto. Produce paciencia, resistencia y perseverancia. Estos rasgos de carácter conducen a la esperanza y a la capacidad de enfrentar cualquier número de pruebas (Romanos 5.3-5, Santiago 1.3). En esto, descubrimos la verdadera alegría. Estamos
preparados para recibir tanto las bendiciones como las dificultades que tenemos por delante.

Respondamos

Dedica tiempo a meditar en este salmo. Imagina la escena utilizando tus sentidos. ¿Cómo se ve el árbol? ¿Cómo suena el arroyo? ¿Qué tipo de fruto da el árbol? ¿De qué color son las hojas? Reflexiona sobre cómo se siente ser como este árbol, enraizado y creciendo al lado del agua.