MIÉRCOLES, DICIEMBRE 12, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de la paz, gracias por conocer mis problemas y preocuparte por mi sufrimiento. Mis cargas son demasiado pesadas para llevarlas por mi cuenta. Dame fuerza. Ayúdame a vivir por tu gracia mientras espero la llegada de Jesús. Amén.

Leamos

Israel, pueblo de Jacob,
¿por qué te quejas? ¿Por qué dices:
“El Señor no se da cuenta de mi situación;
Dios no se interesa por mí”?
¿Acaso no lo sabes? ¿No lo has oído?
El Señor, el Dios eterno,
el creador del mundo entero,
no se fatiga ni se cansa;
su inteligencia es infinita.
Él da fuerzas al cansado,
y al débil le aumenta su vigor.
Hasta los jóvenes pueden cansarse y fatigarse,
hasta los más fuertes llegan a caer,
pero los que confían en el Señor
tendrán siempre nuevas fuerzas
y podrán volar como las águilas;
podrán correr sin cansarse
y caminar sin fatigarse.
Isaías 40.27-31 DHH

Reflexionemos

No importa nuestra edad, nos cansamos y nos agotamos. Cada uno de nosotros lleva cargas: emocionales, psicológicas, físicas. Algunas de nuestras cargas tardan años, décadas o aun vidas enteras en resolverse. A menudo nos sentimos agobiados por las personas que amamos o por las tragedias en el mundo que nos rodea.

El libro de Isaías nos recuerda que Dios es capaz de llevar nuestras cargas. Dios es eterno, el creador de todo el mundo. Los caminos de Dios están más allá de nuestros caminos; los pensamientos de Dios están más allá de nuestros pensamientos. Cuando nos volvemos a Dios, se renueva nuestra fortaleza. Podemos levantarnos como en alas de águilas. Podemos correr y no cansarnos, caminar y no fatigarnos.

Esperar la llegada de Jesús puede aumentar nuestra conciencia sobre las cargas que llevamos. Anhelamos que Jesús nos alivie y restaure la paz. Necesitamos un Salvador. A medida que miramos los eventos que tenemos por delante, recibamos la gracia de Dios en el presente. Dios conoce nuestros problemas. Dios se preocupa por nuestro sufrimiento. Dios nos sostiene con fuerza.

Respondamos

Mientras enciendes tu vela de Adviento esta noche, comparte tus cargas con Dios. Nombra las cosas que llevas. Nombra las preocupaciones que tienes por las personas en tu vida. Expresa tu pena, enojo o miedo por las cosas que suceden en el mundo. Se honesto acerca de tus pensamientos y sentimientos. Una vez que hayas liberado su corazón, pídele a Dios que te dé paz.

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