LUNES, DICIEMBRE 10, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de paz, tú conoces los desiertos por los que paso. Sabes dónde me faltan los recursos y el apoyo que necesito. Ven rápidamente a mi rescate. Restaura mi vida Amén.

Leamos

Que se alegre el desierto, tierra seca;
que se llene de alegría, que florezca,
que produzca flores como el lirio,
que se llene de gozo y alegría.
Dios lo va a hacer tan bello como el Líbano,
tan fértil como el Carmelo y el valle de Sarón.
Todos verán la gloria del Señor,
la majestad de nuestro Dios.
Fortalezcan a los débiles,
den valor a los cansados,
digan a los tímidos:
“¡Ánimo, no tengan miedo!
¡Aquí está su Dios para salvarlos,
y a sus enemigos los castigará como merecen!”
Isaías 35.1-4 DHH

Reflexionemos

Todos caminamos por desiertos en nuestras vidas. Estos son tiempos definidos por lo que perdemos: alguien a quien amamos ha muerto o se ha ido, hemos perdido el empleo, nuestra salud ha disminuido. En el desierto nos encontramos con tierras baldías emocionales de dolor, soledad o desesperanza. Los desiertos son territorios estériles; hay pocos signos de vida.

Sin embargo, esta profecía en Isaías dice que Dios restaurará a la vida incluso al desierto. Ya no será un lugar sin recursos. Florecerá, será hermoso y fértil. El desierto cantará y gritará de alegría. Las flores florecerán. Todos verán el esplendor del Señor.

Esta visión fructificará en la historia de Israel cuando los exiliados regresan a Jerusalén. Esperamos su cumplimiento en nuestras propias vidas. Anticipamos que Cristo viene a nuestros desiertos, trayendo vida.
Él fortalecerá nuestras manos cansadas y nuestras rodillas temblorosas. Reemplazará nuestro desaliento con paz. Las palabras de Isaías también son para nosotros: «¡Ánimo, no tengan miedo! ¡Aquí está su Dios para salvarlos!».

Respondamos

¿Qué desierto has atravesado, o estás caminando actualmente? ¿Un evento específico causó este período difícil? ¿Qué emociones has experimentado? ¿Qué te falta o has perdido? Ahora imagina la luz de Dios entrando a tu desierto. Siente la paz de Dios llenando el yermo. Descansa en la presencia de Dios.