JUEVES, DICIEMBRE 13, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de paz, encuéntrame en mi espera. Asegúrame la promesa de que no hay nada que no puedas hacer. Ayúdame a ver tu paz que ya está emergiendo a mi alrededor. Lleva a la plenitud la nueva vida que se mueve dentro de mí. Amén.

Leamos

A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, donde vivía una joven llamada María; era virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: —¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo. María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: —María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David, para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin.
María preguntó al ángel: —¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre? El ángel le contestó: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel va a tener un hijo, a pesar de que es anciana; la que decían que no podía tener hijos, está encinta desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible.
Entonces María dijo: —Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel se fue. Lucas 1.26-38 DHH

Reflexionemos

Adviento es un tiempo de espera anhelante de que Dios haga lo imposible. Hemos escuchado las promesas de Dios dichas en todas las Escrituras: consolar y restaurar, inaugurar la paz y la justicia. Pero, ¿creemos que estas promesas se materializarán en nuestras propias vidas? ¿Esperamos con la misma expectativa con María criaba al Mesías?
Cuando el ángel se le apareció a María, ella respondió: “¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?”. Sin embargo, ella escuchó las palabras del ángel, “Para Dios no hay nada imposible”. Y su obediencia la impulsó hacia adelante, “Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho.”
Mientras esperamos la llegada de Cristo, también alimentamos las agitaciones de una nueva vida. Esperamos promesas aún sin cumplir. En nuestras horas de espera, podemos escuchar la seguridad del ángel de que Dios puede hacer todas las cosas. Aunque a veces es difícil, el ejemplo de obediencia de María puede ayudarnos a seguir adelante. Podemos volver nuestros corazones a Dios una y otra vez, diciendo: “Yo soy esclava del Señor”.

Respondamos

La paz de Dios no depende de nuestras circunstancias. Está disponible incluso cuando las cosas no van bien. Practica la obediencia y la confianza en Dios, a pesar de las dificultades que podamos enfrentar. Cada vez que surjan preocupaciones, temores o crisis, di: “Yo soy el siervo del Señor”, “Yo soy la sierva del Señor”. Deja que estas palabras te ayuden a confiar en ti mismo, sea por lo que estés pasando, y en la salida de Dios.