DOMINGO, DICIEMBRE 9, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de paz, haz mi camino recto, mi camino despejado. Elimina  todos los obstáculos. Ayúdame a confesar mis pecados, arrepentirme y vivir tu Palabra. Que tu reino llegue a plenitud dentro de mí, mientras espero tu llegada.
Amén.

Leamos

Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea. En su proclamación decía: “¡Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!” Juan era aquel de quien Dios había dicho por medio del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto.’” La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello, y se la sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; su comida era langostas y miel del monte. La gente de Jerusalén y todos los de la región de Judea y de la región cercana al Jordán salían a oírle.
Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán. Mateo 3.1-6 DHH

Reflexionemos

El pueblo de Israel esperó mucho tiempo a un Mesías, todo el camino de regreso a los profetas. En su mensaje de juicio y restauración, Isaías señala la llegada del Señor. «Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto.'»(Isaías 40.3). Las mismas palabras se repiten en el Evangelio de Juan, esta vez atribuidas a Juan el Bautista quien anuncia a Jesús.

El mensaje de Juan el Bautista está lleno de urgencia. El reino de los cielos está cerca. Él recomienda a su audiencia alejarse de sus pecados.

Prepararse.

Preparen el camino. Hagan un camino recto. ¡El Señor viene! También nos preparamos, con urgencia, para la llegada de Cristo. Durante Adviento preparamos nuestros corazones y mentes para recibir a Jesús. ¿Cómo lo hacemos? Confesamos nuestros pecados, despejamos el camino. Practicamos el arrepentimiento, enderezamos nuestro camino. Vivimos la Palabra de Dios, caminamos en los caminos de Cristo. Hacemos cambios internos y externos, dejando que el reino de Dios se acerque, llegando a su plenitud en nosotros (Lucas 17.20-21).

Respondamos

Elija una tarea como limpiar un cajón en su casa o quitar la maleza de su jardín.
¿Qué se siente al desordenar, organizar, limpiar? Mientras realiza su tarea, pídale a Dios que elimine cualquier pecado en su vida y lo lleve al arrepentimiento, preparándolo para la llegada de Cristo.