SÁBADO, DICIEMBRE 8, 2018

Oremos

Misericordioso Dios de esperanza, gracias por darme tu Espíritu para guiarme, enseñarme y sanarme. Espero la plenitud de tus promesas. Anhelo la luz de Cristo. Ven pronto, Señor Jesús. ¡Amén!

Leamos

Pueblo de Sión, que vives en Jerusalén: ya no llorarás más. El Señor tendrá compasión de ti al oír que gritas pidiendo ayuda, y apenas te oiga, te responderá. Y aunque el Señor te dé el pan del sufrimiento y el agua de la aflicción, él, que es tu maestro, no se esconderá más; con tus propios ojos lo verás. Y si te desvías a la derecha o a la izquierda, oirás una voz detrás de ti, que te dirá: “Por aquí es el camino, vayan por aquí.”
El Señor curará y vendará las heridas de su pueblo. Entonces la luna alumbrará como el sol, y la luz del sol será siete veces más fuerte, como la luz de siete soles juntos Isaías 30.19-21, 26

Reflexionemos

Isaías le da un mensaje de esperanza a Israel, una visión a la cual aferrarse en su próximo tiempo de juicio y turbación. En muchos sentidos, sabemos el cumplimiento de esta visión. A través del Espíritu, el Señor escucha nuestros llantos y respuestas. El Señor nos enseña. El Señor nos guía. Incluso cuando deambulamos o somos desviados, la voz del Señor nos dirige y nos dice: «Aquí está el camino. ¡Síguelo!».

Mientras pasamos por momentos difíciles, el Espíritu de Dios está vivo y trabajando en nuestro beneficio. Sin embargo, también esperamos la completa restauración de Dios. ¿A qué se parecerá? ¿Qué veremos? La visión de Isaías para Israel puede apuntarnos hacia eso.
No habrá más llanto. La luna será tan brillante como el sol. El sol será siete veces más brillante, como la luz de siete días en uno. El Señor vendará y sanará nuestras heridas.

Durante el Adviento miramos hacia la promesa de la llegada y el regreso de Cristo, más brillante que el sol, lleno de compasión y sanidad. Con esta visión ardiendo en nuestros corazones, oramos “¡Ven pronto Señor Jesús!”.

Respondamos

Tómese un momento para observar, durante su día, la luz natural. ¿Cómo se ve la luz cuando te despiertas? ¿Al almorzar? ¿Al finalizar tu día? Preste atención a cómo cambia. Tenga en cuenta cómo ilumina las cosas a su alrededor de manera diferente en función de la hora. Puede afectar cómo se siente o en qué piensa. A medida que fomenta una conciencia más profunda de la luz y sus efectos, pídale a Dios le dé el anhelo de que la luz de Cristo entre al mundo. Mencione este anhelo delante de Dios y ore: «¡Ven pronto, Señor Jesús!».