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La primera presencia de la Biblia en Ecuador aparece en 1583. La Biblioteca de la «Facultad de Teología», de la ciudad de Quito, tiene un ejemplar de ese año de la Biblia en latín, edición hecha en España.

La llegada de la Biblia a Ecuador fue en 1824 gracias a la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera (SBBE), que envió al escocés Diego Thomson, un educador, a visitar hogar por hogar llevando las Sagradas Escrituras.

Poco antes del arribo de Thomson a Guayaquil – Ecuador, éste había enviado veinte ejemplares del Nuevo Testamento a un empleado de alto rango en el gobierno de dicha ciudad, que luego le ayudó en forma efectiva a iniciar la distribución de las Sagradas Escrituras.

Al narrar sus experiencias allí, dice el ilustre escocés: “No bien llegué a este lugar, dije a algunas personas que tenía ejemplares del Nuevo Testamento para la venta, y así vendí 178 de ellos. Después de pensar sobre el modo más rápido y eficaz para distribuir las Escrituras me pareció que lo mejor que podía hacer era imprimir un aviso y anunciar la venta colocándolo en sitios públicos en los diferentes pueblos por los que pasaría. Así que redacté e hice imprimir el aviso en la imprenta del gobierno, aviso que dice así: ‘En venta el Nuevo Testamento de nuestro Señor Jesucristo, en un tomo bien impreso y encuadernado, al precio de ocho reales. Esta venta continuará durante… días solamente. Se espera que los que deseen poseer este Sagrado Código de nuestra religión aprovechen la oportunidad que ahora se les presenta.”

Con esta estrategia Thomson se dirigió hacia Quito, visitando también Babahoyo, Guaranda, Riobamba, Ambato y Latacunga. En total vendió 738 ejemplares del Nuevo Testamento. La venta total en Ecuador durante este viaje fue de 1280 ejemplares.

Washington Padilla, ex-director de la Sociedad Bíblica, describió en una de sus publicaciones los siguientes hechos ocurridos durante el viaje de Thomson: “Llegó a Quito el 7 de noviembre de 1824. Una de las notas más interesantes de esta parte del viaje fue el hecho de que los padres dominicos lo hospedaron en su convento en Latacunga, le compraron unos libros y le ayudaron a vender 104 ejemplares más en el breve tiempo de dos horas.

En Quito se hospedó en la casa del Marqués de San José. Durante las tres semanas que permaneció en la ciudad distribuyó 360 ejemplares del Nuevo Testamento e hizo arreglos para el establecimiento de una escuela de niñas, que desgraciadamente nunca llegó a concretarse”.

Otro agente de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera  que visitó a  Ecuador, cuatro años después, fue Lucas Mathews. Sin embargo, ya se había despertado la oposición a la distribución de las Sagradas Escrituras y fue poco lo que pudo hacer.

Después de visitar Guayaquil se dirigió a Bogotá desde donde escribió a la Sociedad Bíblica la última carta el 14 de diciembre de 1828 y desapareció sin dejar ningún rastro más. Según versiones que circularon por Colombia, Mathews salió de Bogotá hacia Cartagena, en la costa atlántica, y se dice que fue asesinado en el barco en que viajaba y su cadáver arrojado al río Magdalena.

Los pensadores, los líderes ecuatorianos y la Biblia

Diversos historiadores toman el período comprendido entre 1824 y 1884 como una época de crisis y progresos para la distribución de la Biblia en América Latina. En aquellos días las corrientes liberales de pensamiento luchaban por establecer la democracia en estos países. La Biblia fue vista entonces como una fuente de iluminación y naturalmente hubo muchas demandas de ella.

El doctor Vicente Rocafuerte, un conocido pensador ecuatoriano y ex-presidente ecuatoriano expresó: “Se puede establecer por axioma de que en el estado actual del mundo, los países más libres y mejor gobernados, son aquellos en donde hay mayor circulación de Biblias y de Evangelios, y que la prosperidad moral y la fuerza política de la nación están en relación directa al mayor o menor grado de tolerancia religiosa que ella admite en sus constituciones”.

El doctor Rocafuerte gobernó Ecuador entre los años 1835 y 1839 y fomentó la educación pública y el progreso económico de la nación. Fue, además, un escritor distinguido, autor de diversos ensayos, obras históricas y se distinguió, entre otras cosas, porque se negó a prohibir la distribución de la Biblia en Ecuador.

Otro destacado escritor  ecuatoriano, Juan Montalvo, escribió: “Aunque impío, nunca leo a Voltaire o no lo leo dos veces, no por escrúpulo, sino por disgusto, la Biblia la sé de memoria”. En otro lugar dice: “Aprendo de memoria la Sagrada Escritura, fuente inagotable de verdades, mar de poesía, monumento grandioso, digno de la inspiración divina”.

Don Juan Montalvo fue uno de los grandes escritores de América Latina. Montalvo hizo de su pluma un azote contra toda tiranía, era una voz que clamaba por la libertad de pensamiento y una tribuna donde se abogaba por el estudio de la Biblia.

Según Jorge Carcelén, fallecido historiador ecuatoriano y líder de la Sociedad Bíblica, “En el mes de julio de 1951 el Presidente de la República, doctor Galo Plaza Lasso, quien dos años más tarde llegaría a ser Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, viajó a los Estados Unidos invitado por el Presidente Harry S. Truman.

Al salir encargó el poder al vicepresidente, doctor Abel Gilbert y le dijo: “Aquí dejo la Biblia, que he leído todas las mañanas para revestirme de paciencia y de virtudes cristianas”.

La Sociedad Bíblica Americana y la Biblia en Ecuador

En los días en que Montalvo abogaba por la libertad de pensamiento y la lectura de la Biblia, dos representantes de la Sociedad Bíblica Americana, Andrés M. Milne y Francisco G. Penzotti, intentaron entrar al Ecuador para distribuir las Sagradas Escrituras, pero el permiso les fue negado. “No obstante según el informe presentado por ellos, colocaron 96 ejemplares del Nuevo Testamento en diversos puertos del país”.

Francisco Penzotti, un colportor bíblico italiano, fue enviado por la Sociedad Bíblica Americana (SBA) para continuar la obra bíblica en Ecuador.

Los días fueron pasando hasta que por fin las puertas del país se abrieron. El triunfo del liberalismo hizo posible, en 1895, el promulgar una nueva ley que garantizaba la libertad de conciencia.

Los primeros misioneros evangélicos llegaron a Ecuador el 7 de julio de 1896 y establecieron así una cabeza de puente que hizo posible la difusión continua de la Biblia en este país. Un año después, en 1897, llegaron del sur del continente dos ‘colportores’ ecuatorianos, enviados por la Sociedad Bíblica Americana, Zoilo Irigoyen y J.B. Antay, quienes en el espacio de cuatro meses distribuyeron algo más de dos mil libros, además de los trescientos que fueron enviados a los misioneros aquí establecidos.

En el año de 1920 la Sociedad Bíblica Americana estableció un depósito de libros en Guayaquil, bajo la dirección del pastor Guillermo Reed, misionero radicado en Ecuador desde el año de 1897. Este centro de distribución funcionó bajo la dirección de la oficina central establecida en Cristóbal, Panamá, bajo la dirección del doctor W. F. Jordan.

El año de 1927 se organizó el trabajo de la Sociedad Bíblica Americana en América del Sur y el depósito de Guayaquil pasó a depender de la Agencia de la Zona Andina del Norte, con base en Lima, Perú. Este arreglo se prolongó hasta enero de 1964, fecha en que la sub-agencia ecuatoriana pasó a ser oficina nacional.

Durante este período actuaron como directores de la agencia, que tenía sus oficinas en Lima, los señores: Roberto Militan (1927-1931), Juan Ritchie (1931-1947) y Juan Twentyman (1947-1963). Durante estos años actuaron como agentes en el Ecuador los señores Guillermo Reed y sus hijos Roberto y Guillermo.

Las Sociedades Bíblicas Unidas y su impacto en Ecuador

En 1946 las trece Sociedades Bíblicas que existían en el mundo crearon la fraternidad de Sociedades Bíblicas Unidas.

Con motivo de la organización de Sociedades Bíblicas Unidas, la obra bíblica en Ecuador alcanzó un notable desarrollo con el nombramiento del pastor Carlos Rexroad, como subagente (1947-1949). En 1950 se creó la Agencia Bíblica Ecuatoriana, ya independiente de Lima, y el cargo fue ocupado por don Pablo Young, infatigable misionero que recorrió todo el país y visitó múltiples hogares y oficinas para ofrecer las Sagradas Escrituras.

En 1964, ya como Agencia Bíblica Nacional, las oficinas estuvieron a cargo de los señores: Esteban Savage (1964-1966), Ángel Cisneros Sevilla (1966-1969), Carlos Játiva (1969-1970), César Proaño (1970-1973), Pablo Young (1973-1974).

Las SBU y el inicio de la Sociedad Bíblica de los Ecuatorianos

En el año 1966, la fraternidad de Sociedades Bíblicas Unidas decidieron que la agencia de Ecuador se convirtiera en una Sociedad Bíblica miembro con los derechos y responsabilidades  requeridas.

El 4 de diciembre de 1976 se logró la personería jurídica, se nombró una Junta Directiva y se creó la Sociedad Bíblica Ecuatoriana (SBE). Dirigieron la SBE: Washington Padilla (1974-1979), Alfredo Pazmiño (1979-1984), Marco Cárdenas (1984-1991), Mery Aguilera (1991-1996) y José Oñate (1996 ).

La SBE  estuvo afiliada y representó a las Sociedades Bíblicas Unidas hasta noviembre de 2009, cuando la Junta Mundial de la fraternidad aceptó su solicitud de desafiliación.

La nueva oficina de la SBU en Ecuador

En diciembre de 2009 se realizó una Asamblea de líderes ecuatorianos, en el Hotel Quito, que nombró una Junta Directiva presidida por el pastor Jesiel Carvajal.  Esta Asamblea fundó la nueva entidad para continuar la misión que desde 1824 este ministerio ha realizado en Ecuador.

El 18 de febrero de 2010  el Ministerio de gobierno, culto y policía, de Ecuador, aprobó la personalidad jurídica de la «Fundación Sociedades Bíblica Unidas en Ecuador» (SBUEC).

La nueva organización re-inició el ministerio de las SBU, buscando que la palabra de Dios  se viva en Ecuador.

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