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450 años

[/et_pb_text][et_pb_text _builder_version=»3.0.83″ text_font=»||||||||» text_text_color=»#ffffff» text_font_size=»24px» text_line_height=»1.8em» background_size=»initial» background_position=»top_left» background_repeat=»repeat» max_width=»700px» module_alignment=»left» animation_style=»flip» animation_direction=»top» animation_intensity_flip=»20%» locked=»off»]Celebrando 450 años de la traducción de las Escrituras al español por Casiodoro de Reina, en pleno siglo XXI, contamos con que «la Palabra de Dios corre con libertad como el sol por el cielo». [/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section][et_pb_section fb_built=»1″ admin_label=»Text and Image» _builder_version=»3.22″ background_color=»#f7f7f7″ custom_padding=»110px|0px|110px|0px»][et_pb_row column_structure=»1_2,1_2″ _builder_version=»3.25″ background_size=»initial» background_position=»top_left» background_repeat=»repeat»][et_pb_column type=»1_2″ _builder_version=»3.25″ custom_padding=»|||» custom_padding__hover=»|||»][et_pb_text _builder_version=»3.18.2″ text_font=»||||||||» text_text_color=»#747d88″ text_font_size=»20px» text_line_height=»1.8em» header_font=»||||||||» header_3_font=»Montserrat||||||||» header_3_line_height=»1.5em» background_size=»initial» background_position=»top_left» background_repeat=»repeat» max_width=»700px» module_alignment=»center» custom_margin=»120px|||» animation_style=»fade» animation_direction=»top»]

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Devocionales de Semana Santa – Día 8

La Tumba

San Mateo 27:57-66 RVC
Cuando llegó la noche, un hombre rico de Arimatea que se llamaba José, y que también había sido discípulo de Jesús, fue a hablar con Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato ordenó que se lo entregaran.
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había sido cavado en una peña. Después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.
María Magdalena y la otra María se quedaron sentadas delante del sepulcro.
Al día siguiente, que es el día después de la preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: «Señor, nos acordamos que, cuando aún vivía, aquel engañador dijo: “Después de tres días resucitaré.”

Por lo tanto, manda asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que sus discípulos vayan de noche y se lleven el cuerpo, y luego digan al pueblo: “¡Resucitó de entre los muertos!” Porque entonces el último engaño sería peor que el primero.»
Y Pilato les dijo: «Ahí tienen una guardia. Vayan y aseguren el sepulcro como sepan hacerlo.»
Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.

La declaración central del mensaje cristiano histórico es que Jesucristo fue resucitado de entre los muertos. Aunque puede ser tentador para nosotros saltar rápidamente del viernes al domingo, de la cruz a la resurrección, Mateo se detiene y nos lleva a través del silencio y la quietud de la tumba.

Muchos han tratado de eliminar la esperanza del cristianismo sugiriendo que Jesús no murió realmente o que los ansiosos discípulos robaron su cuerpo para comprobar sus declaraciones de un Salvador resucitado. Con todo, el interludio de Mateo entre el último aliento y la primera aparición nos habla inequívocamente de una muerte que fue real, una tumba que estaba silenciosa y una situación que pareció estar más allá de toda esperanza.

Los romanos eran cuidadosos al ejecutar penas capitales, especialmente las de aquellos acusados de traición. Que José pudiera recuperar el cuerpo de Jesús significó que los verdugos estaban satisfechos con su trabajo. Los judíos, a través del Antiguo Testamento, amontonaban piedras sobre los criminales más viles para representar que, para algunos, no habría vida más allá de la tumba. Que una gran roca cubriera la entrada de la tumba significó que no había ninguna expectativa de vida más allá del sepulcro. La tumba está quieta, oscura, silenciosa.

Este es el destino que debía ser nuestro y el destino de la humanidad. Y aún así, nuestra esperanza es que por medio de aquél que fue a la tumba por nosotros, hay un camino a través y por él hasta un mundo nuevo de la creación de Dios. Esta es la esperanza que dado que uno venció a la tumba misma, nosotros también podemos experimentar una nueva vida con él. La descripción de la tumba que hace Mateo es un recordatorio de que la tumba estaba silenciosa, pero el silencio duraría solo un día más.

Oración

Padre Nuestro, recuérdanos que la oscuridad de la tumba pronto será vencida por la luz del tercer día. En el nombre de Cristo, amén.

Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 7

La Trama

San Mateo 26:14-25 RVC
Entonces Judas Iscariote, que era uno de los doce, fue a ver a los principales sacerdotes, y les dijo: «¿Cuánto me darían, si yo les entrego a Jesús?» Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.
Desde entonces Judas buscaba el mejor momento de entregar a Jesús.
El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida de la pascua?»
Él les indicó ir a la ciudad, a la casa de cierto hombre, y decirle: «El Maestro dice: “Mi tiempo está cerca. Celebraré la pascua con mis discípulos en tu casa.”»

Los discípulos hicieron lo que Jesús les mandó, y prepararon la pascua.
Cuando llegó la noche, Jesús se sentó a la mesa con los doce, y mientras comían dijo: «De cierto les digo, que uno de ustedes me va a traicionar.»
Ellos se pusieron muy tristes, y cada uno comenzó a preguntarle: «¿Soy yo, Señor?»
Él les respondió: «El que mete la mano conmigo en el plato, es el que me va a entregar.
A decir verdad, el Hijo del Hombre sigue su camino, como está escrito acerca de él, ¡pero ay de aquel que lo traiciona! ¡Más le valdría no haber nacido!»
Entonces Judas, el que lo iba a traicionar, le preguntó: «¿Soy yo, Maestro?» Y Jesús le respondió: «Tú lo has dicho.»

Aún en el momento en que la vida se le estaba escapando a Jesús, notablemente él permaneció en control. Él predijo su arresto y crucifixión antes que los líderes religiosos se reunieran para conspirar contra él. Él sabía que Judas, uno de sus apóstoles en los que confiaba, iba a traicionarlo. Qué inquietante debe haber sido para Judas saber que Jesús podía ver justo a través de su farsa. Aunque los humanos tienen sus tramas y esquemas, son los planes de Dios los que siempre prevalecen. Nada puede interferir con lo que él se ha propuesto hacer. Y nada es más importante para el plan eterno de Dios que Jesús, el Hijo del Hombre, fuera entregado para ser crucificado. Su última comida, la Pascua, traía una importancia simbólica y apuntaba hacia el propósito de la muerte de Jesús. La Pascua era una celebración anual del éxodo de Israel de la esclavitud en Egipto La muerte de Jesús sería la nueva Pascua. Aquellos que confían en él experimentan el éxodo definitivo — la liberación de la esclavitud del pecado. Como resultado, ellos disfrutan el privilegio de vivir en la libertad de su amor por siempre.

Cuando la vida parece caótica, cuándo las cosas parecen sin coherencia, un gran consuelo puede ser encontrado al recordar la propia experiencia de Jesús al final de su vida. Aunque los humanos tramaron contra de él y ejecutaron su plan con éxito, sin embargo, no pudieron frustrar el plan de Dios. ¡Qué alivio hay en saber que nada puede interferir con el plan de aquel que está en control! Él trabaja cuidando todos los detalles para sus buenos propósitos. Al mirar a Jesús, especialmente en su muerte por nosotros, descubrimos lo central del plan de Dios para nosotros: a través de la muerte de Jesús, encontramos vida; a través de su sangre derramada por nosotros, experimentamos el éxodo de la esclavitud del pecado y la libertad de vivir en su amor.

Oración

Padre Lleno de Gracia, gracias por estar en control de nuestras vidas, especialmente cuando nos sentimos desesperadamente fuera de control. Céntranos en el que es el centro de tu plan eterno. Permítenos, Espíritu Santo, confiar en Cristo para que podamos experimentar el verdadero éxodo. Y habiendo experimentado el perdón de los pecados, podamos vivir diariamente en la libertad de tu amor, con el corazón lleno de devoción hacia ti. En el nombre de Cristo, amén.

Copyright (c) 2012 por Iglesia Presbiteriana del Redentor.

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Devocionales de Semana Santa – Día 6

La Cruz

Juan 19:17-28
17 Con su cruz a cuestas, Jesús salió al llamado «Lugar de la Calavera», que en hebreo es «Gólgota», 18 y allí lo crucificaron. Con él estaban otros dos, uno a cada lado suyo, y Jesús en medio de ellos. 19 Además, Pilato escribió también un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.20 Y muchos de los judíos leyeron este título, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. Este título estaba escrito en hebreo, griego y latín. 21 Los principales sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: «No escribas “Rey de los judíos”; sino que él dijo: “Soy Rey de los judíos”.» 22 Pero Pilato les respondió: «Lo que he escrito, escrito queda.»

23 Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos y los partieron en cuatro, una parte para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual no tenía ninguna costura, y de arriba abajo era de un solo tejido. 24 Y dijeron entre sí: «No la partamos. Más bien, echemos suertes, a ver quién se queda con ella.» Esto fue así para que se cumpliera la Escritura, que dice: «Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.»
Y así lo hicieron los soldados. 25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando Jesús vio a su madre, y vio también presente al discípulo a quien él amaba, le dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» 27 Y al discípulo le dijo: «Ahí tienes a tu madre.» Y a partir de ese momento el discípulo la recibió en su casa.
28 Después de esto, y como Jesús sabía que ya todo estaba consumado, dijo «Tengo sed», para que la Escritura se cumpliera. 29 Había allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en un hisopo, y se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús probó el vinagre, dijo «Consumado es»; luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

Lea de nuevo el pasaje de hoy lentamente y en oración, activando su imaginación a medida que cada escena se desarrolla. ¿Qué ve, escucha,

siente, huele en cada escena? ¿Qué significa todo esto para usted? Permita que el Espíritu Santo le hable hoy a través de la historia de la muerte de Cristo por usted.

Oración Señor Jesús, fueron nuestros pecados los que te enviaron a la cruz. Ahí vimos nuestro Rey. Allí terminaste la obra de nuestra redención. Allí te miramos a ti, a quien habíamos atravesado. Allí la redención fue consumada. Gracias por tu increíble amor. En el nombre de Cristo, amén. Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 5

El Lavamiento

San Juan 13:1-15 RVC
Antes de la fiesta de la pascua, Jesús sabía que su hora había llegado para pasar de este mundo y volver al Padre. A los suyos que estaban en el mundo los había amado siempre, y los amó hasta el fin.
El diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que entregara a Jesús, así que mientras cenaban
Jesús, que sabía que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas, y que había salido de Dios, y que a Dios volvía, se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la sujetó a la cintura; luego puso agua en un recipiente y comenzó a lavar los pies de los discípulos, para luego secárselos con la toalla que llevaba en la cintura.
Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: «Señor, ¿tú me lavas los pies?»
Respondió Jesús y le dijo: «Lo que yo hago, no lo entiendes ahora; pero lo entenderás después.»
Pedro le dijo: «¡Jamás me lavarás los pies!» Y Jesús le respondió: «Si no te los lavo, no tendrás parte conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Entonces, Señor, lávame no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «El que está lavado, no necesita más que lavarse los pies, pues está todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos.»
Y es que él sabía quién lo entregaría; por eso dijo: «No todos están limpios.»
Después de lavarles los pies, Jesús tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Saben lo que he hecho con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro, y Señor; y dicen bien, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.
Porque les he puesto el ejemplo, para que lo mismo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan.

La TLA traduce San Juan 13 versículo 1: «Él siempre había amado a sus seguidores que estaban en el mundo, y los amó de la misma manera hasta el fin.». En este acto inesperado del lavado de los pies, Jesús estaba comunicando algo profundo acerca de la naturaleza del amor divino. El amor no es sólo lo que Jesús hace, sino que Él es amor.

A menudo, cuando consideramos amar a alguien, pensamos en términos de acciones y comportamientos. Nos preguntamos a nosotros mismos, «¿Qué es lo amoroso que debo hacer?» Pero el acto de servicio modesto e inesperado de Jesús nos lleva a hacernos la anterior pregunta, «¿Quién soy yo?». Sin haber hecho primero esta pregunta, podemos inadvertidamente poner límites a nuestro amor, porque no estamos actuando en repuesta a una identidad transformada por el evangelio. Por ejemplo, si funcionalmente nos vemos como huérfanos necesitando buscar a Dios para nosotros mismos en lugar de vernos como hijos amados de Dios, vamos a limitar nuestra generosidad hacia los demás por miedo a no tener suficiente. De la misma forma, si pensamos que somos justos por nuestro arduo trabajo, habrá límites en el camino en el que queremos servir a otros porque nuestro orgullo nos impide servir a aquellos que «no lo merecen».

Cuando miramos a Cristo, encontramos una hermosa libertad para servir a otros que surge de la seguridad de nuestra identidad: «quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo…» (Filipenses 2:6-7, TLA). Jesús pudo servir de una manera que nadie esperaba porque Él conocía íntimamente el amor del Padre. El mismo corazón que lo llevó a lavar los pies de los discípulos lo llevaría a la cruz. Debido a Cristo, nosotros tenemos la misma privilegiada condición y seguridad con el Padre, y así nos volvemos libres para servir de las maneras radicales y amorosas como él nos ha servido.

Oración

Padre Celestial, olvido todos los días quién soy en Cristo y la gracia que envuelve mi vida. Mi amor tiene límites porque no abrazo la verdad de quién tú quieres que yo llegue a ser. Ayúdame a vivir la realidad de ser tu hijo amado para que mi amor por otros fluya de esta nueva identidad. Déjame ser un siervo asombroso para aquellos a mi alrededor mientras tú quitas los límites que he puesto a mi propio amor. En el nombre de Cristo, amén.

Copyright (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 4

El Ungido

San Marcos 14:3-9 RVC
Mientras Jesús estaba en Betania, sentado a la mesa en la casa de Simón el leproso, llegó una mujer. Llevaba esta un vaso de alabastro con perfume de nardo puro, que era muy costoso. Rompió el vaso de alabastro, y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús.
Algunos de los que allí estaban se enojaron internamente, y dijeron: «¿Por qué se ha desperdiciado así este perfume?
¡Podría haberse vendido por más de trescientos días de sueldo, y ese dinero habérselo dado a los pobres!» Y se enojaron mucho contra ella.
Pero Jesús dijo: «Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan? Ella ha efectuado en mí una buena obra.
A los pobres siempre los tendrán entre ustedes, y cuando quieran podrán hacer por ellos algo bueno. Pero a mí no siempre me tendrán.
Esta mujer ha hecho lo que pudo. Se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.
De cierto les digo que en cualquier parte del mundo donde este evangelio sea proclamado, también se contará lo que esta mujer ha hecho, y así será recordada.»

«¡Qué desperdicio!» Esta es la queja hecha con respecto al uso que la mujer hizo de su perfume caro para ungir a Jesús. Pero Jesús no está de acuerdo. Para él un análisis estrictamente de costo/beneficio de nuestras acciones es inadecuado y fallido. A pesar de que el dinero de la venta del perfume podría haber sido usado para hacer muchas cosas buenas, Jesús considera el acto de ella totalmente apropiado. ¿Por qué? Porque es un acto de adoración. Y él sabe que la vida comienza con lo que adoras.

Adora las cosas equivocadas y ninguna otra cosa va a salir bien. Pero adore al Dios vivo que se dio a sí mismo por nosotros en el sacrificio de Jesús y tiene un nuevo sentido de lo que importa, y en consecuencia, ordenará las prioridades de su vida. De repente se encuentra a si mismo «desperdiciando» su vida en Jesús al dar su vida a la agenda de Dios en lugar de la suya. Eso incluirá preocuparse acerca de la justicia para los pobres.

Contrario a lo que algunas veces se supone, en este pasaje Jesús no está minimizando nuestra responsabilidad con los pobres. Él realmente está citando Deuteronomio 15, el cual motiva radicalmente la generosidad hacia los pobres. Sin embargo, tal generosidad fluye de la adoración a Dios. ¡Primero lo primero! Coloque al Señor por sobre todas las cosas ya que él es el único digno de adoración y encontrará que está dándose a si mismo toda clase de preciosas maneras de servir al mundo.

Oración

Señor, muy a menudo yo adoro las cosas erróneas. Ayúdame a ver que mi vida debe ser «desperdiciada» en ti y solo entonces, mi vida se convertirá en algo hermoso para utilizar en tu mundo. En el nombre de Cristo, amén.

Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 3

La Predicción

San Juan 12:20-33 RVC
Entre los que habían ido a la fiesta para adorar había algunos griegos.
Estos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y entre ruegos le dijeron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue y se lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.
Jesús les dijo: «Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado.
De cierto, de cierto les digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, se queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
El que ama su vida, la perderá; pero el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para vida eterna.
Si alguno me sirve, sígame; donde yo esté, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará.
»Ahora mi alma está turbada. ¿Y acaso diré: “Padre, sálvame de esta hora”? ¡Si para esto he venido!
Padre, ¡glorifica tu nombre!» En ese momento vino una voz del cielo: «Lo he glorificado, y volveré a glorificarlo.»
La multitud que estaba allí, y que había oído la voz, decía que había sido un trueno. Pero otros decían: «Le ha hablado un ángel.»
Jesús les dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes.
Ahora es el juicio de este mundo; ahora será expulsado el príncipe de este mundo. Y cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.»
Con esto Jesús daba a entender de qué muerte iba a morir.

Juan dedica gran parte de su Evangelio a los últimos seis días de la vida de Jesús. En Juan 12, Jesús predice «qué tipo de muerte iría a sufrir» — una que forzaría a Satanás a soltar su control de la muerte sobre el mundo, levantar a Jesús en victoria sobre los horrores de la crucifixión y de la tumba y atraer gente de todo el mundo (v. 32). Pero aquí él también reitera su modelo aleccionador a todos los que quieran seguirlo y ser conocidos como sus discípulos.

Desde los primeros días de su ministerio, según Juan, Jesús ha estado aludiendo a su «hora» — el tiempo señalado cuando se iría a someter al sufrimiento y la muerte por los pecados del mundo. Pero a través de esta humillación, Jesús extrañamente irradia la «gloria» de Dios a la humanidad. Dios «glorifica su nombre» no solo a través del ministerio terrenal de Cristo, sino también de su muerte. Juan presagia esta realidad desde el principio para concluir «hemos visto (o ‘contemplado’) su gloria … lleno de gracia y verdad» (1:14).

Igualmente sorprendente es el Jesús tan humano que encontramos aquí, lo suficientemente honesto para admitir «Ahora está turbada mi alma» (v. 27) cuando comienza a sentir la agonía a la que está a punto de someterse. Es una imagen impresionante de una persona totalmente abandonada a Dios en el momento de un dolor indecible, sabiendo que la gloria de Dios es, en última instancia, lo único que importa. Y este se convierte en un momento de enseñanza también para los discípulos.

Las semillas deben morir para reproducirse; llevan en ellas la promesa de vida. Aparentemente, para el mundo la muerte de Cristo parece ser un desastre, pero al caer “en la tierra» (v. 24), él puede levantar a sus seguidores y traer «muchos hijos a la gloria» (Hebreos 2:10). No obstante, seguir a Cristo tiene un costo: muchos de los discípulos originales sufrieron ellos mismos muertes atroces, lo que llevó a Tertuliano a concluir «la sangre de los mártires es la semilla de la iglesia». Los discípulos de Cristo deben siempre «morir» a ellos mismos para encontrar la «esperanza viva» en Cristo (1 Pedro 1:3-5). Aquí es relevante la observación que hace Dietrich Bonhoeffer sobre el discipulado: «cuando Cristo llama a un hombre, él le hace la oferta de venir y morir.»

Oración

Señor resucitado, nos amaste tanto que moriste en la cruz para salvarnos del pecado. Oramos para que esta realidad nos dé humildad, nos lleve siempre a alabarte, y nos dé libertad para vivir plenamente abandonados a tu amorosa voluntad. En tu misericordia, concédenos estas peticiones, porque las hemos orado en tu nombre. Amén.

Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 2

El Llamado

Mateo 16.21-28
Jesús les mandó que de ninguna manera se lo dijeran a nadie.
También les dijo: «Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, que sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que muera y resucite al tercer día.»
Y a todos les decía: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí, la salvará.
Porque ¿de qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si se destruye o se pierde a sí mismo?
Porque si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, y en la gloria del Padre y de los santos ángeles. Pero en verdad les digo, que algunos de los que están aquí no morirán hasta que vean el reino de Dios.»

Después de pasar días y noches con Jesús, siendo testigo de primera mano de sus palabras y obras, Pedro podía hacer una confesión absoluta de que Jesús era el Cristo, el prometido por Dios. Aquellos más lejanos de Jesús eran menos firmes en su fe, creyendo a menudo que él era un profeta, pero los que lo siguieron con regularidad sabían que él no era simplemente un mensajero, sino el mensaje mismo. Después de la confesión de Pedro, Jesús trató de ayudarles a entender su misión y cómo era el seguirlo a él, pero Jesús no era la clase de Mesías que estaban esperando, y seguirlo no era lo que ellos pensaban que iba a ser.

Jesús le da un mensaje claro a aquellos que quieran seguirlo, la lealtad a él requiere negarse a sí mismo, tomar su propia cruz diariamente y seguirlo. En ese entonces y ahora sus palabras son difíciles. Vivimos en una cultura en la que se nos enseña a glorificarnos a nosotros mismos y a perseguir a cualquier costo, la comodidad, el control y la satisfacción de nuestros deseos sobre todas las cosas. Negarse a sí mismo y perseguir las cosas de Dios puede sentirse como morir, pero eso es a lo que Jesús nos llama. Él nos dice que para seguirlo tenemos que renunciar a todo control y soportar el sufrimiento y el rechazo, pero también promete que esto nos hará más como él. En él, el triunfo viene a través del sufrimiento. Jesús nos llama a perder la vida tal como la conocemos, porque únicamente así puede darnos una vida verdadera y eterna en él. ¿Escucha su llamado? ¿Está dispuesto a negarse a si mismo y a tomar su cruz y seguirlo? ¿Confía en que él le conducirá a la vida?

Oración

Hermoso Dios, te agradecemos porque has revelado tu Hijo a nosotros, que Jesús es el Cristo, el enviado que todos necesitamos. Por favor danos la gracia que necesitamos para seguirte. Únicamente tú eres digno y queremos darte nuestras vidas, pero necesitamos de tu ayuda para hacerlo.

En el nombre de Jesús, amén.

Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.

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Devocionales de Semana Santa – Día 1

La Adúltera

San Juan 8:1-11 RVC

…y Jesús se fue al monte de los Olivos. Por la mañana Jesús volvió al templo, y todo el pueblo se le acercó; y él se sentó y les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida cometiendo adulterio. La pusieron en medio, y le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. En la ley, Moisés nos ordenó apedrear a mujeres como esta ¿Y tú, qué dices?» Ellos decían esto para ponerle una trampa, y así poder acusarlo. Pero Jesús se inclinó y, con el dedo, escribía en el suelo. Como ellos insistían en sus preguntas, él se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.» Y Jesús volvió a inclinarse, y siguió escribiendo en el suelo. Ellos, al oír esto, se fueron retirando uno a uno, comenzando por los más viejos y siguiendo por los más jóvenes. Solo se quedó Jesús, y la mujer permanecía en medio. Entonces Jesús se enderezó y le dijo: «Y, mujer, ¿dónde están todos? ¿Ya nadie te condena?» Ella dijo: «Nadie, Señor.» Entonces Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más.»
La Ley era clara — el adulterio era un delito capital con dos culpables: «Si se encuentra a un hombre acostado con la esposa de otro, los dos morirán» (Deuteronomio 22:22). Entonces, de acuerdo con la Ley, los escribas y Fariseos se presentaron ante Jesús con una mujer adúltera que iba a ser apedreada. ¿Dónde estaba el hombre? No les importaba. Después de todo, su preocupación no era realmente por la Ley. Su preocupación era probar a Jesús. Pero Jesús no se dejo engañar. Les dijo, «Aquel de ustedes que esté libre de pecado que tire la primera piedra». Naturalmente, Jesús no estaba haciendo una recomendación para un nuevo sistema judicial, ya que ningún criminal resultaría responsable si los jueces tuvieran que estar sin pecado. Jesús estaba sentando una posición – una posición que él frecuentemente puso ante los fariseos. Él a menudo decía cosas como, «Vayan y aprendan lo que significa, ‘Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios'» (Mateo 9:13; c,f., Mateo 12:1-8; Juan 7:21-23). En otras palabras, les estaba diciendo que ellos estaban desconociendo la parte más importante de la Ley – que su fundamento era el amor (Mateo 22:34-40; Mateo 7:12; Gálatas 5:14). Así que, aunque aparentaban estar interesados en hacer cumplir la Ley, realmente la estaban quebrando, porque no estaban actuando sobre la base del amor, la gracia, la humildad y la compasión. Entonces se fueron. Y Jesús le dijo a la mujer, “Ni yo te condeno; vete, y no peques más. Él no le dijo, «No importa si tu pecas». En lugar de esto, él le dijo en efecto: «Yo mismo establezco tu rectitud sobre la base del amor y la gracia. Por lo tanto, no peques — no por temor al castigo, sino porque me has encontrado y has sido salvado por gracia». Oración Señor, exaltamos el nombre de Jesús porque su rectitud ¡nos ha sido dada únicamente por medio de tu gracia! Por lo tanto, aun cuando buscamos no pecar más, anhelemos la santidad y la rectitud con base en un profundo reconocimiento de que hemos sido salvados por gracia. En el nombre de Jesús, amén. Derechos de autor (c) 2012 por Redeemer Presbyterian Church.
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3 Habits of highly effective entrepreneurs

Effectiveness comes down to producing desired results. The most successful entrepreneurs have mastered being effective because it makes them work smarter, eliminating unnecessary effort and wasted time. Success cannot happen with any consistency when approached in a lazy, haphazard, hit-or-miss fashion.

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