40 Días con Jesús – Día 35

Jesús será reconocido al ser levantado

 

21 Jesús habló de nuevo: —Yo me voy, y ustedes me buscarán, pero morirán sin que Dios les haya perdonado sus pecados. A donde yo voy, ustedes no pueden ir.

22 Los jefes judíos dijeron: —¿Estará pensando en matarse, y por eso dice que no podemos ir a donde él va?

23 Jesús les aclaró: —Ustedes son pecadores, como todos los que viven en este mundo. Pero yo no soy de este mundo, porque vengo del cielo.24 Por eso les dije que, si no creen en mí ni en quién soy yo,[a] morirán sin que Dios les haya perdonado sus pecados.

25 Le preguntaron: —¿Y quién eres tú?

Jesús les contestó: —¿Por qué tengo que responderles?26 Más bien, yo tengo mucho que decir de todo lo malo que ustedes hacen. El que me envió dice la verdad, y yo sólo digo lo que le escuché decir.

27 Pero ellos no entendieron que Jesús les estaba hablando de Dios, su Padre. 28 Por eso les dijo: —Ustedes sabrán quién es en realidad el Hijo del hombre cuando me cuelguen de una cruz. También sabrán que no hago nada por mi propia cuenta, sino que sólo digo lo que mi Padre me ha enseñado.29 Mi Padre nunca me ha abandonado, pues yo siempre hago lo que a él le agrada.

30 Cuando Jesús dijo esto, mucha gente creyó en él.

Juan 8.21-30 TLA

 

La semana pasada, meditamos sobre el capítulo 5 de Juan; esta semana nos enfocaremos en el capítulo 8 del mismo evangelio. Esta sección contiene reflexiones profundas sobre el misterio de Dios que envuelve a la persona de Jesús. Son diálogos entre Jesús y los fariseos (Juan 8.13); ellos quieren saber quién es Jesús. Lo critican por dar testimonio de sí mismo sin ninguna prueba externa que lo legitime ante la gente (Juan 8.13). Jesús responde diciendo que él no habla por su propia voluntad, sino a partir del Padre y en nombre del Padre (Juan 8.14-19).

Estos diálogos reflejan también nuestras propias experiencias de aprendizaje en el caminar con Jesús, que no difieren mucho de los primeros cristianos. En las primeras comunidades cristianas la fe se enseñaba a partir de preguntas y respuestas que ayudaban a  reflexionar sobre las palabras de Jesús. Así los creyentes en Jesús encontraban las respuestas a los problemas que, en aquel final del siglo, los judíos (y la vida misma) planteaban a los cristianos. Así el Espíritu ayudaba a la comunidad a profundizar su fe en Jesús y en su mensaje.

Jesús habla de su ida y dice que allí donde él va, y que los religiosos no pueden seguirle. Ellos buscan a Jesús, pero no lo encuentran porque no le conocen y lo buscan con criterios equivocados. Ellos viven en el pecado, alejados de Dios. Los religiosos imaginan a Dios de una determinada forma, y Dios es diferente a como ellos se lo imaginan. Por esto no son capaces de reconocer la presencia de Dios en Jesús.

Jesús se orienta, en todo lo que dice y hace, por Dios y por la misión que recibió de Él. Quienes viven encerrados en sus propios criterios terrenales, no pueden percibir a Dios en las acciones y dichos de Jesús. Jesús es la expresión máxima de la certeza absoluta de que Dios está en medio de nosotros a través de Jesús. Jesús es la prueba definitiva de que Dios está con nosotros.

Para reconocer a Jesús hay que mirar en la dirección correcta: la cruz. “Ustedes sabrán quién es en realidad el Hijo del hombre cuando me cuelguen de (me levanten en) una cruz” (Juan 8.28). La palabra colgar/levantar tiene un doble sentido: levantar sobre la cruz y ser levantado a la derecha del Padre. La muerte y la resurrección es una buena noticia que revelará quién es Jesús, y todos sabrán que Jesús es la presencia de Dios en medio de nosotros.

ORACIÓN

Padre del cielo, no queremos encerrarnos en  nuestros criterios personales, y pensar que lo sabemos todo. Sólo abiertos a tu amor manifestado en Jesús, seremos capaces de comprenderte y de comprender a nuestros prójimos. Ayúdanos, Espíritu, a vivir abiertos a los demás com Jesús mismo vivió.

Jesús, tu fuiste radical en tu obediencia al Padre y nos revelaste su rostro y amor. Enséñanos con tus palabras a irradiar la imagen correcta de Dios en cada momento de nuestra vida.

Señor, escucha nuestra oración,  que nuestro grito llegue hasta ti;  no nos escondas tu rostro en el día de la aflicción. Inclina tu oído hacia nosotros; cuando te invoca, ¡escúchanos! Amén.


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