40 Días con Jesús – Día 31

Jesús no puede ser detenido, y muchos no lo entienden

 

Tiempo después, Jesús recorrió la región de Galilea. No quería ir a Judea porque los jefes judíos lo buscaban para matarlo. Como se acercaban los días de la fiesta judía de las enramadas, sus hermanos le dijeron: —Debes ir a Judea, para que tus seguidores puedan ver las grandes obras que haces.

10 Después de que se fueron sus hermanos, Jesús fue en secreto a la fiesta, sin decírselo a nadie.

25 Algunos de los que vivían en Jerusalén empezaron a preguntar: «¿No es éste al que andan buscando para matarlo? 26 Pues ahí está, hablando con la gente; ¡y nadie le dice nada! ¿No será que nuestros gobernantes creen de verdad que él es el Mesías? 27 Pero ¡no puede ser! Porque, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene; en cambio, nosotros sabemos de dónde viene este hombre.»

28 Jesús estaba enseñando en el templo, y dijo con voz fuerte: «En realidad, ustedes no saben quién soy yo, ni de dónde vengo. Yo no he venido por mi propia cuenta. He sido enviado por alguien en quien se puede confiar, y a quien ustedes no conocen. 29 Yo sí lo conozco, pues vengo de él, y él es quien me envió.»

30 Algunos hombres de Jerusalén quisieron arrestar a Jesús, pero no pudieron, pues todavía no había llegado el momento de que todos supieran quién era.

Juan 7.1-3,10, 25-30 TLA

 

A lo largo de los capítulos que van del 1 al 12 del Evangelio de Juan va aconteciendo la progresiva revelación que Jesús hace de sí mismo a los discípulos y a la gente. Al mismo tiempo y en la misma proporción, va creciendo la cerrazón y la oposición de las autoridades contra Jesús hasta el punto de decidir la condena y la muerte de Jesús (Jn 11.45-54). El capítulo 7, que meditamos en el evangelio de hoy, es una especie de parada en medio del camino. Ya hace prever como será el desenlace final.

Jesús decide ir a la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén. Jesús fue por lo menos dos o tres veces a Jerusalén para la fiesta de la Pascua (por eso sabemos que la vida pública de Jesús duró alrededor de tres años). El evangelio de hoy informa de que Jesús se dirigió más de una vez a Jerusalén, pero no públicamente. Fue a escondidas, pues en Judea, los judíos querían matarle.

Tanto aquí en el capítulo 7 como en otros capítulos, Juan habla de “judíos” y de “ustedes los judíos”, como si él y Jesús no fuesen judíos. Esta manera de hablar refleja la situación de la trágica ruptura que tiene lugar al final del primer siglo entre los judíos (la sinagoga) y los cristianos (la iglesia).

Juan presenta las sudas de los habitantes de Jerusalén respecto de Jesús. Jesús está en Jerusalén y habla públicamente a las personas que quieren oírle. La gente queda confundida. Sabe que quieren matar a Jesús y que él anda suelto ante la mirada de todos. ¿Estarían reconociendo las autoridades que él es el Mesías? Pero, ¿cómo es que Jesús puede ser el mesías? Todos saben que él viene de Nazaret, pero del mesías, nadie sabe el origen.

Jesús habla de su origen. En realidad, ustedes no saben quién soy yo, ni de dónde vengo. La gente no conoce la vocación y la misión que Jesús recibió de Dios. No vino por voluntad propia, sino como todo profeta vino para obedecer a una vocación, que es el secreto de su vida. Yo no he venido por mi propia cuenta. He sido enviado por alguien en quien se puede confiar, y a quien ustedes no conocen. Yo sí lo conozco, pues vengo de él, y él es quien me envió.

Querían tomar a Jesús, pero nadie le pone la mano encima todavía no había llegado el momento”. En el evangelio de Juan quien determina la hora y el rumbo de los acontecimientos no son los que tienen el poder, sino que es Jesús mismo. Es él quien determina la hora (Juan 2.4; 4.23; 8.20-27; 13.1; 17.1). Y en la cruz, Jesús es quien determina hasta la hora de su muerte (Juan 19.29-30).

 

ORACIÓN

Jesús, tú eres un misterio para muchos, pero para quienes te reconocemos como Mesías. Cristo, Salvador  y Amigo nuestro, eres quien nos ha mostrado el rostro del Padre que nos ama tanto que se desprendido de ti por nuestra salud y salvación.

Recibe hoy nuestra gratitud, y nuestro compromiso de seguir tus pasos y tu voluntad, tal como la expresaste en tu Evangelio. Por tu amor nos hiciste hijos de un mismo Padre, y a él queremos honrar con nuestra vida cada día. Amén.

 



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