40 Días con Jesús – Día 28

Jesús sana a un hombre desesperanzado

 

Tiempo después, Jesús regresó a la ciudad de Jerusalén para asistir a una fiesta de los judíos. En Jerusalén, cerca de la entrada llamada «Portón de las Ovejas», había una piscina con cinco entradas, que en hebreo se llamaba Betzatá. 3-4 Allí, acostados en el suelo, había muchos enfermos: ciegos, cojos y paralíticos.

Entre ellos había un hombre que desde hacía treinta y ocho años estaba enfermo.Cuando Jesús lo vio allí acostado, y se enteró de cuánto tiempo había estado enfermo, le preguntó: —¿Quieres que Dios te sane?

El enfermo contestó: —Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se mueve. Cada vez que trato de meterme, alguien lo hace primero.

Jesús le dijo: —Levántate, alza tu camilla y camina.

En ese momento el hombre quedó sano, alzó su camilla y comenzó a caminar.

Esto sucedió un sábado, que es el día de descanso obligatorio para los judíos. 10 Por eso, unos jefes de los judíos le dijeron al hombre que había sido sanado: —Hoy es sábado, y está prohibido que andes cargando tu camilla.

11 Pero él les contestó: —El que me sanó me dijo: “Levántate, alza tu camilla y camina.”

12 Ellos preguntaron: —¿Y quién te dijo que te levantaras y caminaras?

13 Pero el hombre no sabía quién lo había sanado, porque Jesús había desaparecido entre toda la gente que estaba allí.

14 Más tarde, Jesús encontró a ese hombre en el templo, y le dijo: «Ahora que estás sano, no vuelvas a pecar, porque te puede pasar algo peor.»

15 El hombre fue a ver a los jefes judíos, y les dijo que Jesús lo había sanado.16 Entonces ellos empezaron a perseguir a Jesús por hacer milagros los sábados.

Juan 5.1-3, 5-16 TLA

 

El Evangelio de hoy describe como Jesús cura a un paralítico que se quedó esperando 38 años para que alguien le ayudara a llegar al agua de la piscina para curarse. ¡Treinta y ocho años! Ante esta ausencia total de solidaridad, Jesús, ¿qué hace? No respeta la ley del sábado curando al paralítico. Hoy, al faltar gente que atiende a las personas enfermas en los países pobres, mucha gente experimenta esa misma falta de solidaridad. Viven en abandono total, sin ayuda, sin solidaridad de parte de nadie.

Jesús cura en el día de sábado. Bien cerca del lugar donde se enseñaba la observancia de la Ley de Dios, un paralítico se quedó por 38 años a la espera de alguien que le ayudara a bajar al agua para que se curara. Este hecho revela la absoluta falta de solidaridad y de acogida a los excluidos. El número 38 indicaba la duración de una generación (Deuteronomio 2.14). Es toda una generación que no llega a experimentar ni solidaridad, ni misericordia. La religión de la época no era capaz de revelar el rostro acogedor y misericordioso de Dios. Ante esta situación dramática, Jesús no observa la ley del sábado y se ocupa del paralítico diciendo: “Levántate, alza tu camilla y camina”. El hombre agarra su camilla y se va, y Jesús desaparece en medio de la multitud.

¿Hemos tenido una experiencia semejante a la del paralítico, quedándonos un tiempo sin ayuda? ¿Cómo es la situación de asistencia a los enfermos en el lugar donde vivimos? ¿Hay señales de solidaridad? ¿Qué podemos hacer en medio de la desesperanza de tanto alrededor nuestro?

 

ORACIÓN

Nuestro Dios es como un castillo que nos brinda protección. Dios siempre nos ayuda cuando estamos en problemas. Con nosotros está el Dios del universo; él es Dios de nuestro pueblo, ¡él es nuestro refugio! 

Hoy celebramos tu cercanía a quienes necesitan renovar su esperanza en medio de sus dolores cotidianos. ¡Esperamos en tí, Jesús amado! Háblanos, y seremos sanos. ¡Amén!



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