40 Días con Jesús – Día 19

Jesús enseña quién es el verdadero templo

 

13 Como ya se acercaba la fiesta de los judíos llamada la Pascua, Jesús fue a la ciudad de Jerusalén. 14 Allí, en el templo, encontró a algunos hombres vendiendo bueyes, ovejas y palomas; otros estaban sentados a sus mesas, cambiando monedas extranjeras por monedas judías. 15 Al ver esto, Jesús tomó unas cuerdas, hizo un látigo con ellas, y echó a todos fuera del templo, junto con sus ovejas y bueyes. También arrojó al piso las monedas de los que cambiaban dinero, y volcó sus mesas. 16 Y a los que vendían palomas les ordenó: «Saquen esto de aquí. ¡La casa de Dios, mi Padre, no es un mercado!»

17 Al ver esto, los discípulos recordaron el pasaje de la Biblia que dice: «El amor que siento por tu templo me quema como un fuego.»

18 Luego, los jefes de los judíos le preguntaron a Jesús: —¿Con qué autoridad haces esto?

19 Jesús les contestó: —Destruyan este templo, y en sólo tres días volveré a construirlo.

20 Los jefes respondieron: —Para construir este templo fueron necesarios cuarenta y seis años, ¿y tú crees poder construirlo en tres días?

21 Pero Jesús estaba hablando de su propio cuerpo. 22 Por eso, cuando Jesús resucitó, los discípulos recordaron que él había dicho esto. Entonces creyeron lo que dice la Biblia y lo que Jesús había dicho.

23 Mientras Jesús estaba en la ciudad de Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en él porque vieron los milagros que hacía. 24-25 Pero Jesús no confiaba en ellos, ni necesitaba que le dijeran nada de nadie, porque los conocía a todos y sabía lo que pensaban.

Juan 2.13-25 TLA

 

El templo de Jerusalén es el centro de la vida religiosa y el símbolo de la gloria y el poder de la nación judía. En este lugar, Jesús hace un látigo con cuerdas, y con él arroja fuera del templo el ganado que se vendía para los sacrificios, las ovejas y los bueyes. Con la llegada del reino predicado por Jesús, ya no son necesarios más sacrificios de ovejas y bueyes.

Jesús declara que el culto de los religiosos es inútil, y vacío de significado. Jesús declara infame el culto que es en sí mismo una injusticia; no propone una reforma del culto, sino su abolición.

La expulsión de las ovejas del templo tiene un rico sentido simbólico. Las ovejas son figura del pueblo, encerrado en el recinto donde está condenado al sacrificio. Los dirigentes explotan y asesinan al pueblo, sacrifican y destruyen al rebaño, a cuya costa viven. Jesús no se propone reformar aquella institución religiosa propósito por cierto inútil, sino rescatar al pueblo de ella.

Mientras todos los grupos judíos esperaban la llegada del reino y la reivindicación del templo, la actitud de Jesús es de tajante oposición al templo. Esto aparece en radicalmente en lo que hace contra los cambistas, a quienes les desparrama las monedas.

Los cambistas representaban “el sistema financiero” de la época. Y el templo de Jerusalén llegó a ser uno de los mayores bancos de la antigüedad. Pero pagar el tributo y los donativos no se podía hacer en monedas comunes (llevaban acuñada la imagen del imperio romano): el templo acuñaba su propia moneda y los que iban a pagar tenían que cambiar sus monedas por las del templo. Los cambistas cobraban, naturalmente, su comisión.

El templo es para Jesús una empresa, un “mercado”, y el dios que se adora allí es el dinero. Al llamar a Dios mi Padre, Jesús afirma que la relación con Dios es familiar, y no religiosa. En la casa del Padre Dios ya no puede haber comercio ni explotación, siendo casa-familia acoge a quien necesite amor, intimidad, confianza, afecto.

Jesús da un paso más en su lucha contra el templo: se propone él mismo como santuario de Dios: Destruyan este templo, y en sólo tres días volveré a construirlo” (2.19). Herodes demoró 46 años en construir el templo; Jesús sólo necesita 3 días para reconstruirlo, para resucitar.

En el Reino de Dios no se requiere templos sino cuerpos vivos. Dios vive en las personas, donde brilla su presencia y su amor, si viven dignamente. Jesús no viene a continuar el estilo religioso tradicional; vino a proponer una humanidad restaurada que refleje en su vida, en sus cuerpos y relaciones, la presencia de Dios.

 

ORACIÓN

Padre Dios, Dios de la Vida siempre bondadoso, que nos has señalado como ley suprema el Amor: ayúdanos a construir una comunidad que se base en la relación familiar de cada persona contigo y con todos los demás.

Permítenos superar toda discriminación y prejuicio, sea religioso o cultural, para rendirte siempre y entono momento un culto que celebre tu presencia entre nosotros. Queremos celebrar un culto en espíritu y en verdad. Por Jesucristo nuestro Señor.

 



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