40 Días con Jesús – Día 11

Jesús y el camino a la perfección

 

43 Ésta es otra orden que dio Moisés hace muchísimo tiempo: “Amen a su prójimo y odien a su enemigo”. 44 Pero ahora yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. 45 Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo. Él es quien hace que salga el sol sobre los buenos y sobre los malos. Él es quien manda la lluvia para el bien de los que lo obedecen y de los que no lo obedecen.

46 Si ustedes aman sólo a quienes los aman, Dios no los va a bendecir por eso. Recuerden que hasta los que cobran impuestos para Roma también aman a sus amigos. 47 Si saludan sólo a sus amigos, no hacen nada extraordinario. ¡Hasta los que no creen en Dios hacen eso!

48 Ustedes deben ser perfectos como Dios, su Padre que está en el cielo, es perfecto.

Mateo 5.43-48 – TLA

 

Una enseñanza novedosa y revolucionaria de Jesús para la época, fue “amar a los enemigos”. Estamos de acuerdo en que es una frase ejemplar, pero difícil de cumplir.

Lo común, en tiempos de Jesús y hoy, es odiar y, si es posible, eliminar al enemigo, al que piensa y actúa diferente. Con su propuesta de ampliar los círculos del amor, Jesús coloca la ética del amor cristiano en un lugar muy alto, pues, se trata de pasar del círculo del amor circunscrito a los más cercanos, a un círculo más universal, incluyendo a los enemigos.

Esto significa cambios profundos en las relaciones humanas. En adelante, lo que identifica al cristiano y lo hace verdaderamente hijo de Dios, es el amor universal, que hace posible que el sol, la lluvia, la justicia, la no violencia, nos cubra a todos sin distinción.

La “perfección” no consiste en la estricta observancia de la ley como proponían los religiosos. Lo que hace perfecto al ser humano, es decir, lo que lo hace realmente bueno y semejante al Padre, es el amor total y universal.

 

ORACIÓN

Dios, Padre Eterno, vuelve hacia ti nuestros corazones, para que, en la fuerza de tu Espíritu, no vivamos en el egoísmo de estar centrados en nosotros mismos como lo hizo Jesús. Queremos renunciar a la venganza, a la revancha, y empezar a amar com nos amaste tú.

Nos entregamos a la búsqueda del otro, de la otra, de aquellas personas a quienes consideramos enemigos por ser diferentes, para mostrarles tu amor, Padre bueno. Nos comprometemos a practicar las obras de misericordia que hoy necesitan nuestros prójimos, nuestra sociedad.

Recordamos las palabras del salmista, y afirmamos que alcanzamos la felicidad al atender a tus mandamientos y buscarlos de todo corazón. Por nuestro Señor, ¡amén!



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