40 Días con Jesús – Día 10

Jesús enseña sobre la coherencia

 

20 Yo les aseguro que si ustedes no son más obedientes que los fariseos y los maestros de la Ley, nunca entrarán en el reino de Dios.

21 Recuerden que hace mucho tiempo Moisés dijo: “No maten, pues si alguien mata a otro, será castigado”. 22 Pero ahora yo les aseguro que cualquiera que se enoje con otro tendrá que ir a juicio. Cualquiera que insulte a otro será llevado a los tribunales. Y el que maldiga a otro será echado en el fuego del infierno.

23 Por eso, si llevas al altar del templo una ofrenda para Dios, y allí te acuerdas de que alguien está enojado contigo, 24 deja la ofrenda delante del altar, ve de inmediato a reconciliarte con esa persona, y después de eso regresa a presentar tu ofrenda a Dios.

25 Si alguien te acusa de haberle hecho algo malo, arregla el problema con esa persona antes de que te entregue al juez. Si no, el juez le ordenará a un policía que te lleve a la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí sin que antes pagues hasta la última moneda que debas.

Mateo 5.20-27 TLA

 

Para Jesús, los maestros de la ley y fariseos no son personas malas; tan solo son incoherentes, hasta llegar al punto de la hipocresía.

Esta aclaración es necesaria porque en ocasiones actuamos como ellos. Hay personas que dicen que tienen su conciencia tranquila porque nunca han matado, robado, fornicado, ni incumplido los mandamientos. Pero cuando comenzamos a preguntar por la violencia verbal que humilla al hermano, por la ambición que explota al prójimo, por la indiferencia ante los problemas del mundo.., la conciencia se pone intranquila.

Jesús quiere que sus discípulos entiendan que los pecados no se miden por su tamaño sino por el impacto dañino en los demás, en la fraternidad, la justicia y la convivencia humana. No es posible llamarse cristiano y agredir con violencia física o verbal al hermano; no es comprensible ser cristiano y discriminar al otro por su raza, género, orientación sexual o situación social; no es coherente ser personas de oración o asistentes diarios a los servicios religiosos y partícipes de los sacramentos, si sellamos nuestro corazón para impedir que entren el perdón y la reconciliación. Cerrarse al perdón al hermano, y dejar que el rencor anide contra lo que nos hicieron los demás, no se condice con la condición de cristiano, de discípulo de Jesús.

Jesús pide coherencia de vida y conversión de los pecados.

 

ORACIÓN

Dios nuestro, el Evangelio nos desafía a superar los conflictos que tenemos con los demás, sea los provocados por otros o por nosotros mismos. Perdónanos nuestras hipocresías y dobles discursos.

Jesús, sólo si nos ponemos a cuentas con los demás, con quienes nos acusan de haberlos dañado o con quienes nos han dañado, nuestro Padre Dios aceptará nuestras ofrendas. 

Ayúdanos a ser coherentes, Espíritu. Queremos actuar lo que decimos creer y vivir tal como creemos. Amén.



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