40 Días con Jesús – Día 05

Jesús vence al diablo y comienza su trabajo

12 De inmediato, el Espíritu de Dios llevó a Jesús al desierto. 13 Y Jesús estuvo allí cuarenta días, viviendo entre los animales salvajes. Satanás trataba de hacerlo caer en sus trampas, pero los ángeles de Dios cuidaban a Jesús.

14 Después de que metieron a Juan en la cárcel, Jesús fue a la región de Galilea. Allí anunciaba las buenas noticias acerca de Dios: 15 «¡Ya está cerca el día en que Dios comenzará a reinar! Vuélvanse a Dios y crean en la buena noticia.»

Marcos 1.12-15 TLA

 

El río Jordán, el desierto, y Galilea son como un mismo “hilo conductor” en el evangelio de Marcos. El reino de Dios está en movimiento, y nos invita a movilizarnos para hallar los sitios donde el reino se manifiesta en nuestras vidas. Allí se concretan nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de nuestras comunidades.

Jesús es llevado al desierto, un espacio que en la Biblia está asociado con el discernimiento y la formación. Jesús es llevado allí para prepararse para el inicio del anuncio del evangelio de Jesús (veamos Marcos 1.1).

Los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida de Jesús. Son un símbolo de la contradicción y el desequilibrio que enfrenta Jesús en su historia (y nosotros en la nuestra). Jesús aparece como enviado e Dios a la  trama de la vida humana, para pelear la batalla decisiva contra el pecado. Jesús es señal y fuente esperanza para todos los seres humanos.

Luego Jesús va a Galilea; allí concreta en palabras y milagros su opción por los desamparados de la sociedad y la religión. Jesús trabaja, enseña y sana en favor de la humanidad.

 

ORACIÓN

Padre nuestro que estás en el cielo, y caminando a nuestro lado, venimos a ti a pedirte ayuda en nuestros desiertos y dificultades. Así como tu Hijo Jesús enfrentó la adversidad y las pruebas con la ayuda del Espíritu, te pedimos auxilio para vivir nuestras historias y vencer.

Hoy en el desierto, queremos optar por tu reino, por la vida y la esperanza que Jesús nos comunicó y modeló. Ayúdanos, Espíritu, a optar siempre por la vida abundante para todos y a dignificar cada persona que hallemos en nuestro camino. Queremos vivir sembrando amor y vida como señales de tu reino entre nosotros. En Jesús, y al servicio de tu reino, Padre del Cielo. Amén.



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